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¿Qué 200 años no es nada?

¿Qué 200 años no es nada?

No fue hasta que asistí al espectáculo “20 años Habaneando” de la compañía circense Havana, bajo la dirección de Germán Muñoz, que volví a interesarme por el Circo y su trayectoria en nuestro país.

Quizás muchos no coincidan con la opinión de esta periodista, pero antes de ese momento consideraba que los espectáculos de esta manifestación escénica se habían vuelto rutinarios, carecían de recursos y de cierta manera eran aburridos e improvisados.

Sin embargo, diez años después de mi última experiencia como espectadora de los malabares, las actuaciones de los payasos, entre otros números de circo, al salir de la carpa Trompoloco, la idea de visitarla no me pareció mala. De hecho, la curiosidad sobre el origen en nuestra Isla de este arte creció ese día.

Malabaristas, Prestidigitadores, Saltimbanquis, Mimos y Funanbuleros aparecen en Cuba ya a fines del siglo XVIII en las Actas Capitulares del poder colonial insular.

Los festejos del Corpus Christi, las mansiones de adinerados y plazas públicas constituyeron los primeros eventos y sitios en los cuales se ubican las manifestaciones iniciales del circo.

El empresario catalán Eustaquio de la Puente fue el responsable del Circo ecuestre que se encontraba durante los 800 en un solar yermo de La Habana, devenido posteriormente Plaza de Marte.

A partir de este hecho Felipe Soler, dueño del Circo París, Los Montalvo, sangre, escuela, tradición y práctica, los panameños Pubillones, Pablo Santos, Federico Artigas, los Hermanos Torres, entre otros importantes nombres y apellidos destacaron durante la época y en el arte circense cubano.

El triunfo de enero trajo consigo una serie de transformaciones para el mismo: el debut del primer Circo Socialista de América, la entrega de materiales al Consolidado de Centros y Atracciones Turísticas, que permitieron la gira por todo el país durante 10 meses de los espectáculos de estas manifestaciones escénicas.

Además surgieron festivales: INTERCIRCO, y CIRCUBA a partir de 1981, retomados nuevamente en el año 2007, después de un largo descanso desde 1991.

Por último, en1976 nació el Circo Areíto en Camagüey, y al año siguiente la Escuela Nacional Yuri Mandich. En 2002 debutó con el nombre de Circo Nacional de Cuba en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional y en agosto de 2005 se inaugura la carpa Trompoloco con el espectáculo "Ritmo, Color y Fantasía".

Incluso el padre del teatro en Cuba, Don Francisco Covarrubias, formado en sitios de esta categoría, en 1847, durante la memorable despedida efectuada en el Teatro Circo Villanueva, declaró: que en un circo sea mi oriente y en otro circo mi ocaso.

No serán espectáculos llenos de efectos y recursos como los del Circo del Sol de Canadá, pero constituyen los de nuestro patio, repletos de tradición y talento que puede ser explotado aún más.

Las herramientas para que se les reconozcan estos elementos y vuelvan a posicionarse como uno de los shows más perseguidos por los cubanos están. La Compañía Havana es una prueba de ello. 

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