El despertar olímpico…

El despertar olímpico…

Si nos dejamos de criterios chovinistas y vemos a los Juegos Olímpicos como lo que deberían ser, una fiesta ecuménica, entonces podremos afirmar que Rio-2016 fue una gran cita en todos los aspectos. Si, por el contrario, juzgamos a una cita olímpica por el papel de tu país, en nuestro caso Cuba, pues también deberíamos estar satisfechos, porque mejor no pudimos salir… ¿El lugar 18 entre más de 200 países? ¡Por Dios, digo, por Zeus!

El despertar olímpico…El problema es que muchos esperaban repetir en la Ciudad Maravillosa aquella utopía conseguida en la Ciudad Condal, hace ya demasiado tiempo. Si algo bueno tuvo la cita carioca, fue finalmente despertarnos de ese sueño maravilloso en que nos sumió el quinto lugar por naciones alcanzado en los irrepetibles Juegos de Barcelona-1992. Metidos de lleno en el Siglo XXI, es hora de asumir que la correlación de fuerzas y los contextos han cambiado, y no somos ni podemos aspirar a ser la potencia deportiva que fuimos. Entre otras razones porque los resultados son cada vez más caros, y una economía como la cubana no puede, ni debería, priorizar al deporte como antaño.

La delegación que acaba de regresar de Rio de Janeiro con cinco medallas de oro, dos de plata y cuatro de bronces, más una treintena de diplomas olímpicos, reservados para los finalistas, tienen un mérito inmenso. Buena parte de sus integrantes nació y se forjó en una era de estrecheces económicas, falta de recursos y roce al más alto nivel. Al final, esa falta de fogueo pasó factura tanto en la clasificación como en las competencias.

El despertar olímpico…A veces, en nuestro fervor patriótico, olvidamos que en los demás países hay gente con talento, sueños, y en muchos casos el financiamiento necesario para encausar lo uno, y materializar lo otro. En apenas 20 años, Gran Bretaña pasó de ganar un solitario título a escoltar a Estados Unidos en el medallero general. Es que Londres invirtió 240 millones de libras esterlinas en forjar a estos deportistas, y hacerlo competitivos.

Admitámoslo: la inocencia ha muerto. Se habla de dopaje tecnológico, patrocinado por gobiernos y alquimias indetectables, porque todos quieren ganar y sacar su tajada, ya sea financiera, ideológica o moral. De los 17 países que antecedieron a Cuba en el medallero de Rio-2016, solo tres clasifican como tercermundistas (Jamaica, Kenia y Brasil). Por otro lado, no pocos medallistas de países “pobres” viven y se entrenan en países “ricos”.

Pero al final, ese tipo de cuentas solo la sacamos los conflictivos: los Juegos Olímpicos son para enajenarse un par de semanas, coger luchas que no van a resolvernos la vida, y preguntarnos por qué las proezas de Mijaín López y Carmelo Anthony no generaron tanta admiración como Bolt, Phelps o la borrachera de Ryan Lochte… ¿Quiere una opinión profunda? A mí sí me gustaron los Juegos…

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