Lorna Feijóo, una bailarina todoterreno

Por José Ernesto González Mosquera, en: Danza
Lorna Feijóo, una bailarina todoterreno

¿Qué amante del ballet cubano no recuerda a Lorna Feijóo? En los tiempos en que la bailarina aún estaba en las filas del Ballet Nacional de Cuba faltaban adjetivos para explicar en toda su dimensión el arte de Lorna Feijóo. Pudiera decirse que era apasionadamente arriesgada, o sutilmente lírica. Ella poseía esa virtud de entregarse precisa y segura de cada paso que daba en escena, consciente del efecto que provocaba en el público y el fuego que dejaba a su paso, no importa lo que bailara.

Lorna ha estado, de pequeña, rodeada de danza. Su madre Lupe Calzadilla es una de las profesoras más recordadas en la Escuela Nacional de Ballet por generaciones de bailarines, y Lorena Feijóo, su hermana, es Bailarina Principal con el San Francisco Ballet y otro portento de danzarina, nominada en 2011 al prestigioso premio Benois de la Danza.

Lorna FeijóoLa Feijóo se fue de Cuba siendo Primera Bailarina del Ballet Nacional de Cuba y uno de los referentes de la nueva oleada de jóvenes que llevaban sobre sus hombros los logros de la compañía en los 90 del siglo XX. En el año 2001 recibió junto a su esposo, el también Primer Bailarín Nelson Madrigal, un contrato para unirse al elenco del Cincinnatti Ballet en Estados Unidos en calidad de primeras figuras.

“Los bailarines nos acostumbramos a vivir como nómadas. Esta carrera es muy corta y hay que aprovecharla al máximo. No solo los problemas económicos te hacen volar de la Isla. Más bien es el hecho de poder explorar el mundo y tener la dicha de poder bailar cosas que jamás bailarías en Cuba. No puedo pensar que hicimos mal (Nelson y yo). Todas las compañías del mundo se nutren de bailarines de diferentes lugares, lo cual nos enriquece como artistas y personas. Es por eso que es tan importante tener la posibilidad de salir, explorar, pero también poder regresar a tu tierra y poder enseñar lo que se ha aprendido, tanto a los bailarines como al público”.

A Lorna le encantaba el riesgo de lo novedoso, lucirse en cada paso técnico como si fuera el último de su carrera, entregarse a un personaje como si lo viviera, bailar como si la vida dependiera de ello.  

Lorna Feijoo (El lago de los cisnes, cisne negro, pas de deux, coda)  PORTADA.jpgCon el Ballet Nacional de Cuba estelarizó todos los roles protagónicos de los grandes clásicos y otras creaciones de corte contemporáneo de Alberto Méndez, Iván Tenorio o Gustavo Herrera. Personajes que fue dotando de un estilo propio, tanto que para muchos es hoy todavía un referente por su sobrenatural técnica casi perfecta y por sus interpretaciones dramáticas.

“Creo que Carmen, de Alberto Alonso, fue inesperado y ansiado. Giselle y El lago de los cisnes han sido de los más importantes. Pero además disfruté mucho bailar Bella figura, de Jiri Kilián, 2nd detail de William Forthsyde, y obras de George Balanchine”.

La técnica es solo una vía de expresión del arte del ballet. No importa cuantos fouettes puedas hacer, o cuantos pirouettes o balances. Lo importante es que el público se emocione con la historia que estás contando a través de tu cuerpo. Sentir que vives cada personaje, que lo comprendes, que lo interpretas a plenitud; y entonces la técnica te ofrece seguridad para ofrecerte como artistas sobre la escena”.

Tras su paso por Cincinnati, Lorna se unió como Bailarina Principal al Boston Ballet, con el que bailó versiones de los grandes clásicos de Mikko Nissinen (Cascanueces y El lago de los cisnes), James Kudelka (Cenicienta), August Bournonville (La sílfide), Sir Frederick Ashton (La fille mal gardée), Rudolf Nureyev (Don Quijote), Petipa (La bella durmiente) Fokine (La muerte del cisne) y otras creaciones de coreógrafos contemporáneos como John Cranko (La fierecilla domada), Val Caniparoli (La dama de las Camelias y Lambarena) o George Balanchine (Serenade y Stars and Stripes).

“Boston fue una oportunidad única, tanto para Nelson como para mí. Nos abrió un mundo entero de posibilidades artísticas con nuevas coreografías. En la compañía respetan nuestro trabajo y entrega por este arte. Boston es una ciudad completamente diferente a La Habana, mucho más frío, otra arquitectura y otras formas más complejas en las relaciones humanas, a las cuales no estamos acostumbrados en Cuba”.

“Es muy importante que los bailarines jóvenes se prueben en roles principales. Pero todo eso depende también de la preparación que se tenga y de quien te prepare. Yo hice cuerpo de baile, solista, y eso me ayudó mucho con los estilos. Cuando aún no era Primera Bailarina con el Ballet Nacional de Cuba, hacía roles de conjunto en la mañana y de figura principal en la noche. Esto se ha perdido hoy en día, no solo en Cuba. Se asumen hoy muchos roles principales sin tener mucha preparación, quizás por lo rápido que se vive esta profesión en la actualidad”.

Lorna Feijóo ha sido una artista premiada con las medallas de oro en los festivales de Vignale Danza y Positano de Italia, dos de los más prestigiosos concursos del circuito danzario internacional. Además ha sido invitada por el Royal Ballet de Londres, el Ballet de la Ópera de Roma y la Scalla de Milán en Italia o el Zurich Ópera Ballet de Alemania, además de participar en las más importantes galas y festivales como Spoleto en Italia, la Gala de las Estrellas en Canadá, la Gala de las Estrellas del siglo XXI en París y el Festival Internacional de Japón.

“Al principio de llegar a los Estados Unidos fue difícil acostumbrarme por el idioma y la nostalgia por la familia y amigos que dejé atrás. Lo que me salvó fue el trabajo, que no me dejaba tiempo para pensar en tristezas.

He tenido la suerte de bailar diferentes estilos y en lugares variados alrededor del mundo, y cada experiencia te enriquece como artista. No existe forma danzaria que atente contra la identidad del bailarín. Se debe tener la mente abierta a lo nuevo, para poder estar acorde con los tiempos que corren y no quedarse atrás. Esa es una característica del bailarín cubano: su versatilidad. Además nos distinguimos por nuestra fuerte técnica, nuestro estilo y folklore, por la pasión con que asumimos lo que hacemos, por la fuerza y masculinidad de los hombres y la sensualidad de las mujeres”.

Lorna FeijóoLorna ha podido experimentar, como tantos otros bailarines cubanos emigrados, las diferencias al interior de las compañías profesionales en Cuba y otras de las que ha formado parte, como elenco fijo o como invitada.

“La diferencia mayor está en las posibilidades de desarrollo artístico del bailarín. El Ballet Nacional de Cuba es una compañía reconocida por sus clásicos, pero debiera ponerse al día con lo que sucede en materia danzaria en el resto del mundo. Debemos ir con la corriente, aunque no dejarnos llevar con ella, lo cual enriquecería nuestra danza.

Para un cubano es chocante (y enriquecedor) llegar a una compañía nueva donde en cada función se bailan siete coreografías cada noche, con diferentes estilos y coreógrafos, lo cual permite desarrollar una versatilidad mayor. Es duro, pero no imposible. En Cuba, si las condiciones económicas estuvieran dadas, existiría mayor superación e intercambio entre bailarines y creadores de todo el mundo con los cubanos”.

Hace catorce años que Lorna Feijóo no pisa un escenario cubano. Una de las consentidas de la generación de los 90 del ballet cubano se ha desarrollado fuera de su tierra y, con todo, poco se sabe de sus logros de este lado del mar.

“Por mi parte no existe, ni nunca existió ningún impedimento para volver a bailar en Cuba. Por el contrario, me hubiera encantado que el público cubano pudiera ver cuánto evolucioné en mi carrera y entregarles mi arte una vez más. Como el público cubano no existe otro, ni existirá. Es efusivo, fuerte y exigente. Las sensaciones que sentía cuando bailaba para el público en la Isla, no las sientes igual fuera”.

La nueva etapa en la vida de Lorna Feijóo se debate en una tríada interesante: bailarina, maestra en ciernes y madre.

“La proyección futura depende de cada bailarina, cómo decides llevar tu carrera y cuán lejos, cuáles son tus prioridades. La positividad, querer más de uno mismo es importante. Hay que querer comerse el mundo. Por supuesto una buena preparación (como es la Escuela Cubana de Ballet), es una base que nunca se pierde. La meta es nunca ponerse un techo”.


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