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Marilyn Bobes: “Ya no vivimos en tiempos de reivindicaciones feministas”

Marilyn Bobes: “Ya no vivimos en tiempos de reivindicaciones feministas”

La primera vez que Marilyn Bobes vio a Julio Cortázar ya sabía quién era el escritor argentino. Sabía de Rayuela -de esa contranovela que desborda todo texto literario para convertirse quizá en una suerte de mantra o amuleto-, sabía, además, del imaginario de aquel narrador que había nacido en Bruselas, vivido parte de su infancia y adolescencia en Argentina y que un buen día decidió adoptar la nacionalidad francesa, en protesta al régimen militar argentino, pero que siempre se percibió como latinoamericano. Marilyn Bobes sabía todo eso y más: Cortázar como el gran cronopio, como el gran domador del idioma, como uno de los mejores cuentistas del mundo, con esa facultad para mantener en vilo al lector. Siempre sorprendiendo, deslumbrando.

Por aquellos años Marilyn Bobes fue al encuentro en calidad de periodista, no de escritora, poeta o merecedora del Premio David y el Casa de las Américas, ese certamen que el argentino tanto amó y ayudó a difundir por todo el continente. Sin embargo, la entrevista, primera que realizaba como reportera de la agencia Prensa Latina, fue más que eso. Fue quizá uno de esos acontecimientos que lo marcan a uno para toda la vida, sin importar lo que pueda venir más tarde.

“Recuerdo que le confesé que había escrito unos poemas y él me pidió que se los llevara al día siguiente al Hotel Nacional, donde se hospedaba. No me atreví. Me parecía, y todavía me parece, que un escritor tan enorme como él merecía lecturas mejores. Ese, el de la entrevista, fue mi único encuentro con Cortázar. Pero bastó para que lo recuerde como si hubiera sido ayer. Ahora me quedan sus libros que ocupan un lugar muy especial en mi biblioteca personal”.

Muchos años después, otro suceso marcaría el reencuentro con Cortázar, al menos con su legado. Justo un 26 de agosto -a 102 años del natalicio del autor de Bestiario-, en la sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, la escritora cubana recibía el Premio Iberoameriano de Cuento Julio Cortázar, un certamen creado por la lituana Ugné Karvelis, segunda esposa del argentino. El azar recurrente quiso que el premio llegara justo en la XV edición del concurso, que el escenario fuese, por primera vez, la Casa de las Américas, ese lugar que –según dice Marilyn- le trajo tantas alegrías. El premio llegó también tras 10 años de intentos, cuando a veces el desacierto conlleva a la perseverancia y por consecuencia a la victoria.

Marilyn BobesLlegó por el relato A quien pueda interesar, el cual – según reza el acta del jurado- “se adentra con gran sensibilidad y fuerza expresiva en los problemas sociales y éticos existentes en la Cuba y logra atraparnos hondamente con las reflexiones elocuentes de su protagonista”. Pero la trama del cuento apenas se conoce y no lo hará hasta que sea publicado en febrero próximo, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana. Marilyn, por su parte, prefiere no adelantarle nada al lector, “menos de un cuento, donde lo sorpresivo tiene un papel fundamental. Quiero que sea el lector quien descubra esas nuevas propuestas y valore el acierto o desacierto de las problemáticas que aborda el relato”.

Solo precisa, y eso sí con todo énfasis, que A quien pueda interesar debe mucho a las observaciones de un amigo, gran escritor y editor: Francisco López Sacha, a quien dedica el relato.

Desde 1980, Marilyn Bobes se convirtió en una de las voces más importantes de la literatura cubana. Con su poemario La aguja en el pajar se alzó con el Premio David, más tarde vinieron los dos premios Casa: el primero, en 1995 por su libro de cuentos Alguien tiene que llorar; el segundo por la novela Fiebre invernal en 2005. Así, ella transita de la poesía a la narrativa, muta, transgrede el espacio de la página en blanco, esa némesis tormentosa para muchos escritores. Así vive. Aunque confiesa que es en la narrativa donde realmente encuentra su voz literaria, aquella que la hace salir de su zona de confort.

“La poesía no es un género que se me dé tan fácil en los últimos años. No escribo poesía desde hace mucho. El estado de gracia que necesito para hacerlo no se manifiesta. Y, al contrario de los poemas que me provocan mucha angustia, la narrativa me ocasiona un placer que me ha hecho adoptarla como modo de expresión y como vehículo para establecer una mayor complicidad con los lectores.

“La página en blanco me sigue provocando pavor. Cuando escribí La aguja en el pajar no tenía idea de la responsabilidad que significa ser escritor. No me reivento sino vivo. Y vivir me hace ir aproximándome a la inconformidad, a todo lo bueno y malo que ocurre a mi alrededor. Soy muy observadora. Y la vida cambia. Eso me permite vivir al compás de todas las transformaciones de mi entorno. Algunas me provocan angustia, otras alegrías. Pero siempre prefiero un llamado de alerta para que en un mundo tan convulso nos percatemos de lo esencial. O, al menos, de lo que yo considero esencial”.

Alguien tiene que llorar, ganador del premio Casa en 1995, fue un parteaguas para la literatura escrita por mujeres en Cuba, aquella de la cual has sido baluarte. Desde esa perspectiva, ¿cuál es el panorama actual de la literatura escrita por mujeres en la isla, quiénes son las principales voces, cuáles sus temáticas más acuciantes?

   Me exiges casi un ensayo. He escrito algunos artículos sobre el panorama de la literatura escrita por mujeres en la Isla. Cada vez es mejor. Las mujeres tenemos como un séptimo sentido para captar las subjetividades, para descubrir dentro de los hechos un mundo interior que a los hombres se les escapa porque hay una construcción sicosocial que los obliga a potenciar la anécdota y dejar a un lado los efectos que producen los acontecimientos sobre las individualidades. No sucede con todos. Muchos se ven hoy influenciados por esa percepción femenina, lo que ha enriquecido sus obras. También las mujeres se han empoderado y se expanden hacia lo público de manera que es difícil reconocer la identidad de género cuando, por ejemplo, presentan sus obras en un concurso bajo seudónimo. Ya no vivimos en tiempos de reivindicaciones feministas sino en los de una complementación que ha ayudado mucho a la excelencia de la literatura cubana.

Dos veces ganadora del Premio Casa de las Américas, Premio David, ahora el Cortázar. ¿Qué le resta por hacer a Marilyn Bobes en el contexto de las letras cubanas, o quizás más allá, de la literatura latinoamericana?

   No lo sé. Escribo cuando pienso que tengo algo que decir. Los premios que he recibido han sido algo grato, reafirmador. Pero lo que de veras me interesa es no parar puesto que la literatura es uno de los grandes sentidos de mi vida.

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