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Nací poeta y no jirafa

Nací poeta y no jirafa

De andar suave y palabra precisa, sencillo, ocurrente y cordial, el presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar es nombre imprescindible de la cultura cubana.   

Quizás pocos conozcan que este intelectual escogió ser arquitecto antes de definirse por las letras, que gustaba tomar cervezas en el antiguo café Key West de La Habana Vieja con el gran pintor Víctor Manuel o que le debe a José Lezama Lima su bautizo de fuego como poeta.

Estas y otras confesiones le hizo a esta periodista el amigo más fiel del indomable Caliban…

- De Arquitectura a Filosofía y letras… ¿Por qué este cambio?

Mi vocación era hacia las letras pero yo tenía una gran preocupación sobre cómo me iba a ganar la vida después. Pensé que como escritor no era posible y como me gustaba la matemática y el dibujo matriculé Arquitectura. Al mes ya me di cuenta que había metido la pata (risas) fue un fracaso total. Después me puse a trabajar y a aprender inglés, hasta que en el año 1948 matriculo Filosofía y letras. De manera que Arquitectura es mi gran fracaso y Filosofía y letras mi destino.

El - Dos prestigiosas universidades La Sorbona y Yale lo acogieron en dos momentos distintos de su vida. La primera como alumno y la segunda como profesor. Hábleme de la experiencia en estos dos prestigiosos centros de la cultura universal.

Así mismo. En la Sorbona como alumno pude aprender de grandes, recuerdo especialmente a un gran profesor de lingüística llamado André Martinet. En Yale di clases con solo 27 años. Creo que fui el profesor más joven que tuvo esa  universidad. Ahí impartí un curso sobre la poesía hispanoamericana contemporánea, que me llevó luego a la universidad de Columbia.

-Desde los 15 años comienza a hacer poemas. Pudiera decirme, ¿cuánto ha marcado la poesía en su vida?  

La poesía es un destino. Se nace poeta como se nace jirafa y yo nací poeta, no jirafa. (risas) 

- Caliban, su obra más universal ha sido traducido a veintitrés idiomas y dos lenguas indígenas. ¿Cómo surge este ensayo?

A principios de los años 70 se vivió lo que Cortázar definiría como ´´la hora de los chacales´´. Hubo discusiones internacionales en torno a Cuba y Caliban vino entonces como una defensa a la Revolución. Utilicé el personaje creado por Shakespeare como sinónimo de los pueblos oprimidos, de los pueblos subdesarrollados, de los pueblos explotados. 

- ¿Pensó alguna vez que su ensayo tendría tamaña repercusión?

Para mí fue una sorpresa la repercusión que ha tenido este ensayo. Hay momentos compañera que estoy celoso de Caliban, ha llegado a sorberme mi propio ser. Por eso en un tiempo escribí lo que es una posdata del ensayo y le puse ´´Adiós a Caliban´´, no porque pensara que había perdido actualidad sino porque Caliban me había sorbido mi varadera personalidad.

- Cervezas en el Key West con Víctor Manuel, ¿encuentro cotidiano de buenos amigos?

(Risas) Eso fue por los años 40, cuando trabajaba en una compañía de seguros llamada Indiana en la Manzana de Gómez y frente estaba ese cafecito Key West. Yo salía por las tardes a tomar cervezas con ese gran pintor cubano Víctor Manuel, a quien considero mi primer gran maestro de arte. En una ocasión me pidió que escribiera las palabras del catálogo de una de sus explosiones y yo por supuesto, muy honrado.  

- Y si de buenos amigos hablamos no podemos dejar a José Lezama Lima, ¿qué recuerdos conserva de este grande de las letras de nuestro país?

Lezama representa muchísimo en mi vida. Lo conocí a los veinte años porque un amigo que teníamos en común me llevó a su casa. Ahí le entregué unos poemas inéditos de mi autoría y él enseguida quiso publicarlos en la revista Orígenes, por eso digo que le debo mi bautizo de fuego como poeta. Le debo además su ardua tarea de reafirmación y resistencia cultural.

El Presidente de Casa de las Américas conversó con Cubaplus- Según mi investigación usted es un ferviente admirador del más universal de los cubanos, José Martí. ¿Cuánto ha marcado el Apóstol su obra, su vida?  

Mi vida… Martí es el autor más importante que yo he leído. Lo he leído completo varias veces. Ha sido y es el autor intelectual de nuestra Revolución, lo es también de nuestras letras. Es un caso excepcional, la mayor figura política del país es también la mayor figura literaria. Lo leo constantemente con una avidez y una satisfacción  solamente comparable con la necesidad que tengo de volver a leerlo.

-Usted fue en el año 1989 el escritor más joven a quien se otorgara el premio nacional de Literatura. Fue también profesor y luego director hasta la actualidad de uno de los centros culturales emblemáticos del país, la Casa de las Américas. ¿Cómo fue y es aún el trabajo en esta institución que se asocia invariablemente al nombre de Haydee Santamaría?

El haber tenido el privilegio de trabajar a las órdenes de Haydee Santamaría, el haber disfrutado de su amistad, de su confianza, es un honor gigantesco para mí. Estoy seguro que no sería quien soy  de no haber tenido el privilegio de trabajar quince años unido a ella. La Casa de las Américas es su gran obra cultural. Ella solía decir la Casa de las Américas es mi casa y así lo sentimos, es la casa de Haydee Santamaría.

- Más de sesenta años junto a su esposa, uno de los matrimonios insignes de la cultura cubana, una cifra admirable que denota amor, apoyo, comprensión… ¿Qué podría decirme de Adelaida?

Cuando yo conocí a Adelaida ella tenía 17 años, éramos ambos estudiantes de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Desde entonces estamos juntos por lo que no me es posible hablar de mi vida sin hablar de la suya. Somos casi un personaje de créalo o no lo crea. (risas)

- Cuba se ha convertido en un epicentro cultural, siempre lo fue un poco pero con todo este proceso de normalización de relaciones con los Estados Unidos, del llamado intercambio cultural, cuál cree usted que debe ser la premisa de nuestros creadores?  

Tengo la esperanza que las nuevas hornadas llevarán a metas más altas todavía lo que ya se ha obtenido en el plano cultural en Cuba, que es un país de pequeña población y de gran cultura.

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