Yoel Carreño: “La cubanía la llevamos en la sangre”

Por José Ernesto González Mosquera, en: Danza
Yoel Carreño: “La cubanía la llevamos en la sangre”

El apellido Carreño está inscrito con letras diamantinas en la historia del ballet cubano y universal. Yoel, el benjamín de la familia,  triunfa desde hace cinco años en tierras nórdicas como Bailarín Principal del Ballet Nacional de Noruega.

Su árbol genealógico basta para admirar la estirpe de la que proviene y el talento que tiene en sangre el joven Joel: su tío Lázaro triunfó en la época de oro del Ballet Nacional de Cuba, su prima Alihaydée fue Primera Bailarina de la compañía y un referente femenino de buen gusto; y su hermano José Manuel, es una de las estrellas mundiales de la danza. 

“El apellido, saber de dónde vienes, siempre pesa y es toda una responsabilidad. Las cosas no fueron más fáciles para mí por ser un Carreño. Lo que he logrado ha sido por mí.  Soy reflejo de una historia familiar que tengo presente e intento continuar con mi trabajo diario y mi esfuerzo, primero en mi etapa en el Ballet Nacional de Cuba, y ahora en Noruega. Pero para mí es un intensivo para tratar de ser mejor, no como presión para tratar de demostrar algo”.

Yoel Carreño no busca alardes de virtuosismo técnico, sino conmover con sus interpretaciones en cada rol. Quién pensaría que ser bailarín nunca fue su sueño, sino un gusto que lo atrapó con el tiempo. Doce años bailó Joel en Cuba donde asumió todos los roles principales pero “sentía que necesitaba otros retos, otro repertorio, otro vocabulario, y es lo que tengo ahora en Noruega, que me ha hecho entender y ver la danza de otra forma, darme cuenta que le puedo aportar mucho más a mi baile, mucho más a lo que aprendí en Cuba”.

Otro Carreño por el mundo…

D.Quijote.jpgEn el 2010 se despidió de su público, familia, amigos y compañía para probar suerte en las frías tierras nórdicas como parte del elenco del Ballet Nacional de Noruega. “El frío es un choque. Cuando llegamos en el 2010 era el invierno más crudo en 100 años. Pero eso no importaba. Debo decir que me siento como en casa. El ambiente es inusual con respecto a lo que se vive en las compañías de ballet, todos parecemos una gran familia. Tal vez no son todo lo extrovertidos o abiertos que los cubanos, pero son amables y respetuosos. Cada vez que abordábamos una versión nueva que no conocíamos de los clásicos o una coreografía específica de su repertorio, tuvimos el apoyo de los ensayadores, del resto de los bailarines, del equipo técnico, quienes nos ayudaron a aclimatarnos como si siempre hubiéramos estado allí”.

“Fue dura la adaptación, tanto para Yolandita (Correa) como para mí. Es otro sistema de trabajo, otro repertorio. Recuerdo que la primera pieza que bailamos fue un ballet de Glenn Tetley, Voluntaries, muy lindo pero con muchas dificultades de partneo, de variaciones y solos. Un trabajo interesante pero difícil, porque este coreógrafo toma la técnica clásica y la subvierte con movimientos contemporáneos. En algún momento me dije que no podría hacerlo. Pero recibimos mucha ayuda. Siempre las cosas nuevas en un principio toman un poco de tiempo y trabajo, de entender la lógica de la coreografía y la música. Pero una vez que se entiende, se disfruta y luego se ve el fruto”.

Gracias a la proyección que ha ganado con su trabajo como primera figura con el Ballet Nacional de Noruega, Yoel ha sido invitado a bailar con el Ballet del Kremlin en Rusia, y ha estelarizado coreografías de renombrados creadores contemporáneos como Jiry Kilian (Symphony of Psalms, Wings of Wax, No More Play y Gods and Dogs), Paul Lightfoot y Sol León (Safe as Houses) o Glenn Tetley (Voluntaries).

“En Noruega se trabaja diferente y tal vez la diferencia está en los detalles que se trabajan. Se le da mucha importancia a la parte neoclásica y contemporánea. Siempre vienen personas que están a cargo de los ballets a montarlos, hablarnos de los sentidos y significados, son personas muy profesionales que nos trabajan a fondo cada detalle de la pieza. Es algo que te aporta muchísimo como artista, te llena de información nueva y te hace crecer”.

Ballet Nacional de Cuba: la escuela…

Fotos de estudio (1).jpgEn el año 2001 el joven Yoel se unía a su tío, prima y hermano en el rango histórico de Primer Bailarín de la compañía. “Fue nuestra directora Alicia (Alonso) quien me dio la noticia de la categorización. Siempre fue mi meta, desde que estaba en el cuerpo de baile y veía a mi tío Lázaro enseñando, o a Alihaydée o José Manuel bailando. Fue precisamente con Ali con quien me estrené en El lago de los cisnes en el año 1999, en una función mágica por muchas razones. Ella me guiaba en cada ensayo, me proponía cosas para adaptarnos al baile, me montaba y estudiaba conmigo el personaje de Siegfried y su relación con Odette/Odile. Ser Primer Bailarín te exige más compromiso y trabajo. No es pensar que llegaste a la meta, sino esforzarte crecer más como artista”. 

“Todo lo que aprendí en Cuba influye a diario en mi forma de bailar, de tomar un personaje y desarrollarlo, en mi visión con respecto a la danza. Noruega ha logrado que  creciera como artista y bailarín al tomar otros estilos e incorporarlo a mi manera muy cubana de entender la danza. La identidad del bailarín cubano la llevamos en nuestra sangre, sale a flote cuando estamos en escena. Somos diferentes en como abordamos los personajes, como nos paramos en el escenario, la forma en que bailamos, las ganas y la pasión que le ponemos a lo que hacemos”.

La función de El lago de los cisnes que protagonizó como el príncipe Siegfried, personaje con que se estrenó como primera figura años atrás,  durante noviembre del 2014 en el 24 Festival Internacional de Ballet marcó su reencuentro con el público cubano y sus compañeros de tantos años en el Ballet Nacional de Cuba.

“Intento volver a Cuba todos los años para estar con mi familia. Pero la sensación que sentí al verme backstage con mis compañeros, el aplauso cálido del público cubano, fue indescriptible. Nervios antes, felicidad cuando el telón se cerró. Se extraña al público cubano,  y quería que notaran cuanto habíamos avanzado. Siempre estaré listo para bailar otra vez en Cuba”. 

Con respecto al Ballet Nacional “me di cuenta de que la compañía se ha rejuvenecido mucho y veo mucho talento. A la Escuela Cubana de Ballet le debo todo lo que sé como bailarín, y tal vez un poquito más, porque no solo se aprende a bailar sino de todo tipo de arte y a enfrentarse a varios tipos de problemáticas. Uno puede no notarlo hasta que no sale de Cuba y enfrenta otras formas de trabajo, otras personas o culturas. Te hace ser más fuerte, mejor bailarín y artista. Pero el ballet cubano debe abrir más sus puertas a cosas que se están haciendo hace tiempo en el mundo; piezas que le aportan mucho al bailarín con otra forma de ver el movimiento, la danza, la interpretación”.


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