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Daniel Jardines Sánchez: esculturas salidas de tambores yoruba

Por Nubia Piqueras Grosso Fotos: José (Tito) Meriño
Daniel Jardines Sánchez: esculturas salidas de tambores yoruba

 Lejos estaba de imaginar Daniel Jardines Sánchez que su primera pieza tallada en madera, “un pescadito bien sencillo”, sería el inicio de una carrera donde el amor por la escultura y el influjo africano hacen la diferencia.

15-daniel-esculturas-001.jpg “Con apenas cinco años hice mis figuras iniciales con plastilina y gané mi primer concurso”, rememoró este artista, quien todavía se emociona cuando habla del premio conquistado en la 11na. Bienal Nacional de Talla 2022.

 Después vendría su primer instrumento, una trincha que le regaló un tío, y un pedazo de palo, con el cual esculpió un barquito cuando aún era un adolescente, hasta llegar a las obras de corte religioso que demandan casi todo el tiempo de creación, o a la galardonada, Un hombre con muchas máscaras, que demoró un año concebir.

 “Yo no profeso religión alguna, pero desde niño me acostumbré a escuchar los tambores que resuenan en el Plante Abakua de Pogolotti (barrio habanero), tal vez por eso mi afinidad por las esculturas que dignifican la cultura africana y sus creencias.

 “Frecuentando la casa de amigos, cuyos familiares en algunos casos son santeros, viendo las procesiones y los velorios típicos de los que practican la religión yoruba, descubrí que ese mundo me gusta. Luego me acerqué a los patakies (historias) de los orishas (dioses) y aprendí que su contenido tiene mucha sabiduría y concordancia con otras religiones”, comentó.

 Con apenas siete años, en compañía de su madre y abuela, descubrió la Casa de África, un museo enclavado en el centro histórico de La Habana Vieja y del cual “siempre recuerdo la imagen de los muñecos raros que vi, muy diferentes a las esculturas griegas que solía apreciar en los libros”, relató.

 “Todos los artistas, al principio, intentamos copiar a la perfección la figura humana, luego aparece la abstracción, en aras de simplificar la forma, y ahí entra lo africano con sus soluciones inigualables, insuperables, abstractas, pero a la vez sencillas”, señaló Jardines Sánchez en entrevista con CubaPLUS Latinos.

15-daniel-esculturas-002.jpg Imagen que contrasta con la pieza laureada en la Bienal (Quién soy), tallada en caoba, en la que pone al desnudo los múltiples velos que utiliza la gente para conversar y afrontar situaciones; “luego se los quitan y se convierten en otro tipo de persona”, acotó.

 “Escogí la forma del David de Miguel Ángel (1475-1564) porque él representa a la República de Florencia, alistándose, preparándose para la batalla. Sobre esta figura elaboré la mía (1,30 metros de altura), con sus líneas cortantes, filos en el rostro y cara sin definir, porque tiene muchas máscaras a su disposición.

 “Ya no necesita la suya verdadera y el ser original se borra. Simulo que es hombre y mujer a la vez, por tanto, no defino el sexo”, explicó Jardines Sánchez, quien tiene como referentes al italiano Miguel Ángel, uno de los más grandes artistas de la historia por sus esculturas, pinturas y obra arquitectónica, y al destacado escultor cubano José Duverger, el cual se distingue por sus cortes planos medio cubistas.

 Entre el ir y venir que supone la faena creativa en su humilde taller, el escultor de 41 años habló del porqué de la preferencia por la madera, “un material más fácil de trabajar, orgánico, cálido, que me acerca más a lo tribal y con el que logro expresar sentimientos buenos y malos, emociones y el vivir diario de la gente”, aseveró.

 Durante la extensa charla no faltaron las anécdotas, fracasos, aspiraciones y sueños, entre los que sobresalen la talla en mármol, la escultura en gran formato, pues “permite una mayor expresividad”, y la exposición personal que “nunca he hecho sobre la temática de las emociones, incluso con las piezas africanas, pues es increíble como esos elementos tan sencillos simplifican la trasmisión de las emociones”.

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