Desde el nacimiento oficial de una cámara fotográfica en 1839, son incontables quienes se han dedicado al arte del lente y es el caso de Lisbet Goenaga García (La Habana, 1973), quien cursó estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, en la cual concluyó como Escultora-Dibujante, y en la Facultad de Cine, Radio y TV, donde fue la primera mujer graduada en la especialidad de Dirección de Fotografía.
En entrevista para CubaPLUS Latinos, y a la interrogante de cuál fue su primera foto y qué le hizo enfocar el lente hacia ese objetivo, refiere:
“Mi inspiración surge de la mirada que deposito en lo cercano a mí, la cotidianidad dentro de mi casa, mi familia, mis hijas, todo lo que amo. Mi primera foto fija la realicé en la Academia San Alejandro. Teníamos una asignatura de fotografía y comencé a hacerles fotos a mis compañeros, a los espacios alrededor de la escuela. Era una cámara que nos prestaban para explorar. Me sentí fascinada. Aquel instante fue también mi comienzo con la fotografía analógica. Me atrapó la manera en que lo cotidiano podía transformarse en algo poético a través del encuadre. La fotografía como mirada congelada, como auspicio de eternidad; detener aquello que miras y no quieres que se escape en el tiempo”.
La imaginación es muy importante para casi todo en la vida, pero para cualquier manifestación artística más y, al respecto, Goenaga nos dice: “La imaginación es esencial. La técnica puede enseñarse, pero la capacidad de ver más allá de lo evidente, de reinventar la realidad o de crear un lenguaje propio, depende de la imaginación. En mi caso, suelo llevar una libreta con bocetos de lo que pretendo hacer. Lo ideado después en el momento de captar la foto puede cambiar, pero la esencia del impulso inicial queda”.
Y, ¿qué pretende Lisbet transmitir en sus instantáneas?
“Busco reflejar el mundo interior de la mujer, cómo se enfrenta a sentimientos de soledad, necesidad, ansiedad, aspiraciones, sueños. Mi objetivo es proyectar el mundo psicológico de la mujer cubana. Las cosas que están cerca de ti, son las cosas que tú puedes fotografiar mejor, porque existe una intimidad establecida que te lleva a lo profundo. Y me atrevo a decir que hasta que uno no fotografía lo que ama, no puede hacer arte.
“Mi logística para lograr las imágenes, es hacer arte desde el día a día, desde la rutina, lo habitual; casi siempre sin dejar la casa. Mis modelos son todas las mujeres de mi familia, las personas que amo y que me apoyan para poder hacer mi trabajo.“
“Me gusta trabajar con elementos que puedan crear una metáfora poética de la imagen, no literal. Con recursos sencillos y cotidianos intento trascender la realidad, hacer que se conviertan en otra cosa. El cubano ‘inventa’ en su día a día. Mi ingenua osadía, y digo ingenua porque el arte no es más que un intento iluso, es intentar trasmitir el infinito desde lo limitado”.
La vida evoluciona y con ella todo lo demás está sujeto a cambios y transformaciones, por lo que la fotografía no está exenta de ellos.
“Vivimos un momento complejo. Hoy todos podemos captar con nuestros celulares cada instante y tener miles de fotografías propias. Hay una constante democratización de la imagen y esto genera saturación. Creo que estamos en una era donde más que producir cantidad, el reto está en generar profundidad, en proponer miradas distintas que no se diluyan en la inmediatez de las redes sociales. Y sobre todo un acercamiento desde la honestidad humana. No pretendo con mi trabajo más que ser sincera con mi mirada, sensible. Al final el verdadero arte para mí es un puente de amor, entre el artista que busca expresarse y el espectador que lo percibe como un espejo de sí mismo.
“La relevancia viene de la constancia en construir una obra con identidad, más que la perfección técnica. Un fotógrafo necesita ante todo honestidad y coherencia, como mencioné antes. Tener un punto de vista, pero sobre todo, ser perseverante”, concluyó la artista.
@lisbetgoenaga
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