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Invitación a Bayamo

Invitación a Bayamo

A 500 años de su fundación, la ciudad oriental de Bayamo lleva sobre sí el orgullo de una nación entera. La historia de una comarca jamás decidió con tanto peso el destino de un país, ni mereció semejante cifra de apelativos ganados por un inmenso currículo de glorias y heroicidades.

Invitación a BayamoBautizada por el adelantado español Diego Velázquez el 5 de noviembre de 1513, la segunda villa creada tras el descubrimiento de la Isla creció desde muy pronto en el espíritu rebelde de sus hijos.

Su carácter indómito fue, sin dudes, motivo suficiente para el otorgamiento demorado del título oficial de ciudad, firmado por la metrópoli 324 años después del parto.

Precisamente, en los acontecimientos aupados por las irrefrenables ansias libertarias, le vino el ilustre sobrenombre de Cuna de la Nacionalidad Cubana.

Invitación a BayamoEn su regazo vio la luz el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, autor intelectual y ejecutante del primer estallido independentista.

Esa guerra anticolonial, sin precedentes en el pasado de la Isla Mayor de las Antillas, tuvo en Bayamo la primera tierra liberada del yugo español, y el momento inaugural de la cadena de victorias militares del Ejército Mambí.

En el mismo contexto, el 20 de octubre de 1868, la urbe mereció el apelativo de Ciudad del Himno, cuando en papel manchado de sudor de caballo, el patriota Perucho Figueredo escribió y el pueblo entonó la letra del más fervoroso sello musical cubano: “¡Al combate, corred, bayameses...!”.

Invitación a BayamoCasi tres meses después, frente al empuje abrumador del opresor, los hijos de Bayamo prefirieron reducirla a cenizas antes que envilecer la libertad a la sombra de la rendición.

Entonces la marcaron con letras de fuego, que la consagraron como Ciudad Antorcha o el Fénix de Cuba.

En el corto período, desde la entrada triunfal hasta el sacrificio triste y necesario a merced de las llamas, los patriotas del lugar crearon, por primera vez, un Gobierno y un periódico revolucionarios, así como una ley de abolición de la esclavitud.

Historia, cultura y tradición

Invitación a BayamoFundadora de innumerables hitos de la historia y la cultura del país, en las inmediaciones de la actual capital de la provincia de Granma sucedieron los hechos narrados en versos por la primera obra literaria cubana, Espejo de Paciencia; y en las calles de la urbe surgió también La Bayamesa, pieza que inauguró el cancionero romántico nacional en marzo de 1851.

Consecuente con la causa independentista en todas las etapas de la lucha popular por la liberación definitiva, en Bayamo ocurrió la otra acción de importancia que inmortalizó el 26 de Julio de 1953 como el Día de la Rebeldía Nacional: el asalto al cuartel militar de la región, encabezado por el hoy presidente Raúl Castro, simultáneamente a la acción del cuartel Moncada por Fidel Castro.

También goza la singularidad de poseer tres plazas “de la Revolución”, que argumentan, con justicia, el patronímico de Ciudad de las Plazas. Entre ellas figura la primera de Cuba con ese nombre —llamada así por Céspedes, Figueredo y otros patriotas— así como la Plaza del Himno y la de la Patria.

Símbolo de la más acendrada tradición, aún circulan, por calles y avenidas centenares de carruajes de estilo colonial tirados por caballos, que validan otro alias famoso: Ciudad de los coches.

Sin embargo, en 1935 le llegó a Bayamo el más grande título, en reconocimiento de todos los valores y honores acumulados a través de los siglos, cuando se convirtió en la primera ciudad de Cuba declarada Monumento Nacional.

Despertar a la modernidad

Los últimos años confirman un acompasado ritmo de avance hacia la prosperidad.

Centenares de obras de beneficio social terminadas en ese período, el aumento de la calidad de vida con importantes servicios, la limpieza impecable del ornato público y una exquisita cultura del detalle avalan la creciente fama de Bayamo.

Ya aparecen, espontáneamente, nuevos bautismos de visitantes sorprendidos: Capital del helado, Meca de la gastronomía y los Servicios, y otras alusiones similares que engrosan la larga lista, refrendada por la laboriosidad de sus pobladores y el ingenio de las instituciones de Gobierno.

Hoy deslumbran lugares exclusivos, muchos de ellos ubicados en el flamante paseo de la calle General García, arteria de granito trabajado en arte, que vedó el pasó al tránsito para favorecer al caminante.

Así simula el piso la trayectoria sinuosa del cercano río Bayamo, los postes eléctricos son troncos de árboles, tubos exprimidos de pintura derramada. Los flancos, cuando no de casas restauradas, abren puertas a sitios acogedores: el Museo de cera, con decenas de personajes modelados, la Maqueta en construcción del centro histórico urbano, un acuario pequeño de especies endémicas de nuestros ríos y mares, cremerías para adultos y exclusivas para niños, museos, tiendas, academias de artes y deportes, restaurantes especializados, un hotel patrimonial celosamente conservado, y dos plazas desbordantes de historia fundacional, incluida aquella en que vio la luz el Himno Nacional.

Otros sitios invitan a una visita reposada y placentera: el mayor cabaret techado de Cuba, un jardín botánico exquisito y de alto endemismo, un balneario ribereño, otra plaza que enseña con orgullo el vitral a un solo paño más grande del mundo, y la posibilidad de revivir sobre ruedas de coches tirados por caballos, el pasado, el presente y hasta el futuro de una urbe que parece aferrada a la canción de Pablo Milanés, el poeta-cantor nacido precisamente por estos lares: “El hombre no se sienta a ver el fruto de su acción. Mañana propondrá llegar al sol”. Convertida en destino ineludible en la ruta del viajero buscador de asombros, referente obligado de las pequeñas capitales, tal vez el próximo epíteto consagre a Bayamo, definitivamente, como la Ciudad espejo.

 

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