Cuba, la música que vive en Alain Pérez

 Cuba, la música que vive en Alain Pérez

Casi al mediodía y en un café habanero llamado “Mamá Inés”, Alain Pérez cree haber encontrado un criterio y sonido propios que lo definen en el entramado musical cubano.

Lo dice, no obstante con cierta reserva, como si correspondiese a otros evocar semejante juicio y no a quien ha experimentado la música desde la diversidad y pluralidad de sus propias raíces.

Cuba, la música que vive en Alain PérezDurante más de dos décadas, y con la genuina actitud de un migrante, Alain Pérez se deja seducir por el jazz, sucumbe ante la expresividad de la salsa, venera al son y al bolero y le permite al flamenco habitarlo.

Quienes han seguido de cerca su carrera celebran su versatilidad y sobre todo su libertad de espíritu para integrarse a los derroteros musicales de Irakere y Chucho Valdés, de Issac Delgado, de Celia Cruz, de Enrique Morente y Paco de Lucía; y, al mismo tiempo, definir los suyos propios.

Por paradójico que parezca, vivir fuera de Cuba, dice el también compositor, arreglista y productor musical, le proporcionó un particular acercamiento a las raíces y cultura cubanas.

En ocasiones, cuando uno se aleja de su entorno, de su barrio, de su casa, se percata de que, por muy humilde que sea, en ese preciso lugar se encuentran los valores que nos definen, subraya pensativo Alain Pérez.

Durante esos años se percató además de que varios músicos olvidaban lentamente sus esencias, sin embargo, permearse de otras culturas le resultó en una experiencia muy favorable, y se remite al flamenco como género musical que le confirmó la importancia de mantener una raíz sólida y pura a la hora de fusionar y pensar en un sonido contemporáneo.

Junto a Paco de Lucía tuvo la oportunidad de trabajar igualmente con relevantes figuras del jazz como Chick Corea o Winston Marshall, quienes estuvieron siempre interesados en experimentar las esencias del son, de la rumba, y así redescubrir las propias.

Compartir con estos y otros tantos grandes músicos, —arraigados a su folklore, a su historia y legado musical— le demostró a Alain Pérez que era posible evolucionar, poner colores, mezclar y combinar los ritmos propios con los de otros lares.

De esa gran posibilidad surgió ADN, su quinto fonograma en solitario, el primero grabado en su totalidad en Cuba, basado, precisamente, en toda la energía contenida en su regreso a la isla caribeña.

Es una producción, confiesa Alain, que nace inspirada en el momento actual de su vida, recién cumplidos los 40 años de edad y después de un largo recorrido por el mundo que le tomó 20 de ellos.

Cuba, la música que vive en Alain PérezSe reúnen en este fonograma la esencia y energía de un pueblo musical y la particular forma de su autor para interpretar, cantar y concebir un sonido contemporáneo inspirado en la estética de géneros autóctonos que desea eternizar.

Licenciado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), el disco incluye sones, boleros, salsa y ritmos afrocubanos, además de una estelar lista de invitados entre los que se cuentan la diva cubana Omara Portuondo, o el panameño Rubén Blades, así como el trompetista Guajiro Mirabal, el laudista Barbarito Torres y el grupo rumbero Osaín del Monte, entre otros.

Completan la placa una docena de temas cuya autoría se comparte entre el propio Alain Pérez, su padre Gradelio, y los compositores Juan Antonio Gil y José Claro Fumero. Según Alain Pérez, ADN es un disco ciento por ciento cubano pero también pensado para que tenga un mayor alcance y sea del agrado del público internacional, seguidor de los ritmos y sonoridades de la música popular bailable cubana relegada ahora a planos locales.

Aunque no la vivió, el músico evoca con añoranza la época dorada de los años 50 del pasado siglo, en la que los géneros cubanos como el chachachá o el mambo dieron la vuelta al mundo: este disco nuevo de cierta forma es un homenaje y se compromete con ese legado, comenta Alain, quien se refiere igualmente a su paso por formaciones musicales que marcaron la evolución de la música cubana de los últimos tiempos.

Mientras, trata de mantenerse en activo como productor musical, imbuido en la terminación, entre otros del nuevo disco de Omara Portuondo.

En sus planes figura madurar su forma de ver y de escribir la música, la forma de componer, la forma de cantar, la forma de grabar; su reto es seguir haciendo música, aprendiendo, indagando, investigando sobre sus raíces y orígenes… es una fuerza espiritual, es una bendición la música, dice.

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