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Teatro Martí: escenario de la historia

Teatro Martí: escenario de la historia

No existe —al menos no se concibe— una ciudad, o capital de país alguno que no tenga para su solaz ese lugar necesario que es el teatro. Ese espacio público cuyos orígenes se remontan en el tiempo, y al que se acude como espectador o cómplice, o como las dos cosas. El sitio, testigo de acontecimientos consentidos por la vida y cultura de los pueblos.

Teatro Martí: escenario de la historiaEl Teatro Martí, el emblemático y simbólico coliseo de las cien puertas que durante más de un siglo compartió su existencia con generaciones de habaneros, vuelve ahora, luego de una larga espera de más de 30 años, a aderezar los ánimos de la ciudad y de los que en ella habitan o transitan.

La acción de rescate y devolución ha sido obra de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, institución comprometida con la restauración y conservación de los valores patrimoniales de la nación cubana.

El teatro que en sus inicios se llamó Irijoa, porque así se apellidaba el gallego que puso capital y esperanza en su construcción, abrió sus puertas el 8 de junio de 1884. Su concepción, un tanto provisional, se hacía corresponder con la de algunos teatros españoles llamados ambulantes de verano.

Teatro Martí: escenario de la historiaA la muerte de Irijoa, el teatro fue registrado como Edén Garden, pero fue por poco tiempo que llevó este nombre, porque en 1899, con el fin de la Guerra de Independencia, los cubanos quisieron rendir homenaje al prócer José Martí y lo rebautizaron como Teatro Martí.

Fue un teatro de repertorio muy variado, donde se consagraron por igual las presentaciones ligeras y populares, como otras cuyas exigencias debían complacer los gustos más refinados y entrenados. Allí se vieron y estrenaron obras cubanas y del repertorio internacional.

La ópera Tosca de Puccini se mantuvo en cartelera por semanas; igual sucedió con La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, y con La Ramera Respetuosa, de Jean Paul Sarte.

Con muchísimo éxito se presentaron por temporadas la Cecilia Valdés, el clásico del teatro lírico cubano, Rosa la China y Amalia Batista y muchas otras obras de los grandes maestros Gonzalo Roig, Rodrigo Prats, Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann y Eliseo Grenet.

Teatro Martí: escenario de la historiaEn febrero de 1935 subió por primera vez a las tablas del Teatro Martí la inigualable Rita Montaner.

La picaresca española armonizó en el escenario con la sandunga africana, y con el humor que caracteriza lo cubano se presentaron y se comentaron los sucesos más serios de toda una época. El negrito, el gallego y la mulata, irrumpieron en el ambiente teatral.

Fue el Martí el teatro de las zarzuelas, las óperas, operetas y vaudevilles; pero también el de los sainetes y comedias, espectáculos de circo y hasta el del cinematógrafo.

Temporadas felices donde podían alternar compañías foráneas con las más exitosas del país se dieron muchas, pero hubo también descalabros de taquilla. La prensa en sus páginas de farándula abrió espacio a la escena del Teatro Martí, y con su crítica, unas veces sobria o atrevida, u otras impertinente y desmesurada, iban advirtiendo al público sobre una función que, a pesar de lo anunciada, siempre sorprendía.

Teatro Martí: escenario de la historiaNo fue solo el Teatro Martí un lugar para las artes escénicas, la música y otras manifestaciones de la cultura; sus espacios fueron testigos asimismo, de importantes acontecimientos históricos protagonizados por la nación cubana.

En noviembre de 1900 su sala recibió a la Asamblea Constituyente y presenció los debates, a favor o en contra, de la Enmienda Platt, ignominiosa disposición que el Gobierno norteamericano adosó a la Carta Magna, confiriéndose el derecho de intervenir a su conveniencia en los asuntos internos de los cubanos.

Por esa inmensa coctelera de valores, desde la década de los años 30 del pasado siglo, el Teatro Martí es Monumento Nacional. Hoy, cuando estrena un edificio respetuosamente restaurado, los habaneros y todas aquellas personas que aprecian la cultura, esperan con alegría oír el llamado de sus tres campanadas

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