Una de las cocinas autóctonas más ricas y diversas de Cuba es la que encontramos en Baracoa, en el extremo nororiental de Cuba, un municipio montañoso y agreste de la geografía cubana que atesora más de 200 recetas de comidas, dulces y bebidas típicas, preparados generalmente con frutos del mar y de una tierra fertilizada de manera orgánica y sana.
Cuentan sus pobladores que las tradiciones culinarias baracoenses tienen una fuerte influencia aborigen, pues fue un enclave de la isla donde habitaron comunidades arahuacas o taínas, y donde quedaron un mayor número de sobrevivientes a la conquista.
De modo que frutos como el coco, el cacao, el plátano –cultivados en el entorno- son componentes enriquecedores de una variedad notable de platos y bebidas que acompañan el diario convivir de las familias y amigos, de forma habitual. Casi todos tienen apelativos sugerentes que recuerdan la lengua taína o el habla popular.
Por muy humilde que sea el origen de esta gastronomía, también se las ingenian para hacer manjares que satisfacen al paladar más exigente o delicado, no se engañe, sin contar sus propiedades nutritivas.
Tienen gran afición por el uso del coco, sobre todo en especiales combinaciones de mariscos pescados y verduras. Entre las carnes incluyen con abundancia el pescado, el cangrejo, la jaiba, el camarón, la biajaca, la jutia y el cerdo, mientras que tampoco pueden faltar las viandas o tubérculos, bien aderezadas con aliños o el llamado mojo criollo, en los cuales prodigan hasta la leche de coco.
Los maestros de cocinas e incluso las amas de casa del lugar ponen gran interés en el decorado de los platos.
Entre las golosinas y delicias más famosas de Baracoa, conocidos en todo el país están los cucuruchos de coco y varias frutas, el bacán o tamal de plátano , al que se le acompaña con carne de cerdo, la famosa bola de chocolate artesanal y el nutritivo chorote, chocolate con leche muy espeso.