Este 2 de febrero adviene otro Día Internacional de los Humedales, un tema de suma importancia en el archipiélago cubano que cuenta con las grandes ciénagas de Zapata, la mayor del Caribe insular, al sur de la provincia de Matanzas, la de Lanier, en la Isla de la Juventud y la de Birama, en el oriente cubano, famosas como espléndidos ecosistemas naturales por sus riquezas y por ser criaderos de los afamados cocodrilos Rhombifer (cubano) y Acutus o americano.
El caudal de humedales cubanos se enriquece con amplias zonas de reservorios de lagunas y acuíferos en la Isla de la Juventud, cerca del río Máximo, en Camagüey, Buenavista (Villa Clara), al norte de Ciego de Ávila y también en las llanuras de las arenas cuarcíticas de la occidental provincia de Pinar del Río.
Un serio trabajo ha puesto a la ciencia cubana al servicio de los humedales desde hace más de 20 años, lo cual ha posibilitado la datación sistemática a partir de estudios de campo.
Ello posibilitó la creación de un sistema de clasificación que concibió cuatro categorías básicas de humedales interiores: laguna estacional somera, laguna semiestacional poco profunda, lagunas semiestacional con lagunas interiores y lagunas permanentes.
El carácter integral de las investigaciones, regidas fundamentalmente por el Instituto de Recursos Hidráulicos, asegura trabajar mancomunadamente en la ciencia y en la repercusión social y económica de esos famosos ecosistemas, vinculados a la vida y desarrollo de un país en su concepción más integral.
En la nación los diversos factores implicados en el estudio, desde los científico técnicos hasta las autoridades comunales, gubernamentales y pobladores, están haciendo un esfuerzo por coordinar proyectos conjuntos e integrales para la conservación de sus acuíferos y pantanos, de gran riqueza biológica, aunque no exentos de problemas y con dificultades por vencer.
No hay dudas de que esos emporios son áreas de conservación de numerosas especies, no solo vegetales, sino también animales, y en la actualidad están sometidos a una sobrexplotación, con muchas amenazas antrópicas.
Como en otras regiones similares del mundo, el exceso de actividad depredadora humana es un peligro existente al que hay que conjurar hoy día, sea dolosa o no. Hay amenazas para la supervivencia de los ecosistemas, y la extinción de importantes y representativas especies que identifican al patrimonio natural y la biodiversidad de la provincia.
Aunque la parte más difícil de tales proyectos es la que se empeña en llevarlo al cumplimiento de acciones de protección y conservación concreta, este se está haciendo, no siempre con la rapidez deseada.
Son tiempos difíciles para un país de economía asediada y carente de los recursos financieros necesarios, pero que a su vez recibe la cooperación y asistencia de entidades afines de la ONU y de amigos del mundo. Y no hay dudas, la hermosa actividad de cuidado y preservación de los humedales, que también son sitios de encanto turístico, es una realidad en la mayor de las Antillas.