Aunque los cubanos, como todo el mundo, saben que la pizza nació en Italia, en la vocinglera Nápoles por más señas, pudiera decirse que igual a los demás terrícolas han convertido ese plato en un apéndice no extirpable de la dieta nacional.
La disfrutan en numerosas y diversas variantes, desde la sencilla napolitana primigenia hasta la sensacional Hawaiana muy de moda en estos tiempos.
Por eso alegra tanto este nueve de febrero, Día Mundial de la internacional pizza, una de las mejores contribuciones de la culinaria italiana al acervo de la humanidad, ya seas rico o pobre.
No hay remedio, prácticamente la mayoría de las personas sucumben ante este alimento nutritivo y crujiente, beneficiado por formas de preparar económicas y rápidas.
También se conocen en Cuba recetas muy elaboradas y refinadas, dignas de restaurantes gourmets. Popular y de alta cocina, es además muy preferida en las versiones callejeras para llevar y comer mientras caminas.
Aunque en la capital cubana existían buenos restaurantes de comida italiana desde fechas anteriores, puede decirse que la verdadera eclosión de las pizzas y las pizzerías se desató en las décadas de los 60 y 70, incluidos los ochenta. Prácticamente no existía una ciudad, municipio o pueblo de la Isla que se respetara que no tuviera su popular y muy barata pizzería.
Allí el plato fuerte siempre fue pizza, combinada con espaguetis, refrescos, maltas y nada de bebidas alcohólicas. Un lugar para la familia y los estudiantes, principalmente.
Al gusto nuestro he notado que las pizzas deben ser crecidas, esponjosas y al mismo tiempo crujientes, con mucho queso, si es posible. En Italia se prefieren más concisas, tal vez con menos levadura. Para gustos, colores.
Son muchos los vendedores privados que han emprendido el negocio de hacer y vender ese platillo en Cuba, así es que los tradicionales establecimientos del género se han enriquecido.
Tengo un amigo que siempre dice: &Lo mío con las pizzas es un amor para toda la vida.
Uhmmm!"