Es el añoso Castillo de San Severino, antigua fortaleza colonial guardiana en la occidental ciudad de Matanzas, renombrado hace algunos años Museo de la Ruta del esclavo, con una alta significación nacional y tal vez en toda el área antillana, donde se cimentaron economías de plantaciones a costa del trabajo cautivo de miles de africanos.
Esa fortaleza militar, en años en que aquella triste realidad, vigente en sus tiempos de origen ya no existe, no solo es un valor arquitectónico, es un recordatorio de un pasado que no debe volver, por sugerencia de la Unesco, lo cual en Cuba ha encontrado oídos receptivos porque la cultura y la vida nacional deben mucho a la sangre y el trabajo de muchos hijos de la madre África.
Es San Severino una suerte de castillo no encantado, construido a fines del siglo XVII, donde se guardan todavía valiosos secretos del pasado, condensados en sus piedras.
Y al mismo tiempo, desde 2009 es sede del Museo Nacional de la Ruta del Esclavo, una institución que denuncia el oprobio de la esclavitud y la trata de seres humanos.
Son múltiples, entonces, los elementos que confluyen para darle realce a ese sitio que festeja su vida con los cumpleaños de la marítima Ciudad de los Puentes, también llamada Atenas de Cuba, una urbe del occidente vecina de La Habana, rica en historia y dueña de un vibrante presente.
El Castillo, empezado a construirse a poco del bautizo de Matanzas el 12 de octubre de 1693, tuvo primero el nombre de San Carlos de Manzaneda. Luego tomó el apelativo de Severino principal patronímico del Capitán General de Matanzas por entonces.
En 1697 tuvieron que detenerse las obras de edificación por carencia de fondos y mano de obra. Se emprenden nuevamente en 1731, al mando del Ingeniero Antonio Arredondo. Llega en 1746 la terminación de los exteriores en el sector terrestre y otras áreas colaterales importantes.
Un tiempo funesto le adviene con la toma de La Habana por los ingleses en 1762, cuando coincidentemente sufrió daños estructurales notables por una voladura. El fortín fue abandonado por una década y comienza su reconstrucción en 1772. Al fin, solo en 1789 San Severino puede ser declarado apto para cumplir sus funciones como guardián militar de la ciudad, la bahía y puerto de Matanzas.
Desde 1774 hasta el 1793 funciona como aduana y entre 1818 y 1850 radica la Comandancia del Sistema defensivo de la Ciudad, que contaba con otros puestos muy fortificados. Pasa a ser prisión militar después de 1821 y en sus cárceles se recluyen los implicados en la conspiración independentista Soles y Rayos de Bolívar (1823) y los del Proceso de la Escalera (1844).
No se detiene su imbricación con la historia, pues en el transcurso de la Guerra Necesaria iniciada en 1895 patriotas matanceros sufren prisión en la fortaleza. Entre 1902 y 1958 sirve de cárcel destinada a los revolucionarios que combatían por la libertad y contra dictaduras de turno.
Un sentido más raigal y al mismo tiempo universal le da su vínculo actual con el programa promovido por la UNESCO, la Ruta del Esclavo, que denuncia y alerta sobre los horrores de la nefasta esclavitud de los hijos de África y de los humanos en general, rescatando esa memoria.
El Museo Nacional de la Ruta del Esclavo en Cuba integra así una red que en el Caribe se hizo fuerte a partir de una convocatoria lanzada por Haití. Con cuatro salas de exposiciones, donde se exhiben objetos que testimonian sobre los castigos y torturas dados en el pasado colonial a los esclavos, también descuella el recinto titulado Orishas, recreador del mágico y profundo sentimiento religioso que nos llegó de África, desde la mente y corazones de sus hijos, hoy también parte de nuestros genes.