Las Parrandas Chamberas son divertidas fiestas populares celebradas una vez al año en el pueblito encantador de Chambas, situado en la provincia centro oriental de Ciego de Ávila.
Tales festejos son preparados con dedicación y mucho ingenio y detalles, como otros de su tipo realizados en ciudades de Cuba. En estas es tradición que casi el pueblo entero, vinculado de corazón al jolgorio, se divida en dos bandos, representativos de dos barriadas rivales con saña solo en las fiestas, que deben idear iniciativas de disfrute y espectáculos llenos de color.
Un espíritu de fuerte pero muy sana competencia reina desde mucho tiempo antes de que se declare la arrancada del gran rumbón que animará la vida del terruño con desfiles de comparsas rumberas, desplegando vistosas coreografías, carrozas con música, baile y bonita decoración o exhibiciones de fuegos artificiales.
Esa tradición muy arraigada en el presente, los viejos lugareños recuerdan que surgió hacia 1935, o tal vez desde un poco antes, con el propósito de celebrar la fecha del 24 de febrero, en honor al comienzo de la última campaña armada contra el colonialismo español, dirigida por José Martí en 1895 y otros grandes próceres.
Para más detalles les contamos que los bandos en competencia se llaman El gavilán, del Barrio Narcisa y El gallo, de la comunidad Norte. Ambos desfilan, presentan sus iniciativas y creaciones, pero el momento más emocionante es cuando cada adversario muestra sus carrozas, bajo el fragor invitante de la conga y las luces de los fuegos de artificio.
En las bellas carrozas se presentan versiones de obras tomadas de la literatura universal, lo cual requiere un esfuerzo coordinado de maestros de varios oficios y profesiones del pueblo como son diseñadores, carpinteros, vestuaristas, ingenieros, historiadores, bailarines, coreógrafos… Y todos trabajan duro con gran entusiasmo.
Al final, los asistentes disfrutan llenos de gozo, asombro y alegría, casi siempre muy bien recompensados por todo lo que se les muestra, a veces más de lo esperado. Hay un ganador, claro y esto da mucho sabor al festejo. La rivalidad existente en las fiestas y en los preparativos no pasa de ahí, no mella la hermandad genuina de aquel recoleto mundo campestre y trabajador de Cuba.