A Francisco (Pancho) Marty, un inteligente catalán dedicado en gran parte a la trata de esclavos, le fue muy bien en Cuba, realizando negocios en varias provincias y dejando como herencia a nuestra historia interesantes edificaciones.
La historia de Cuba en general cuenta con figuras muy conocidas y mencionadas casi a diario, y otras poco nombradas pero que también marcaron impactantes pasajes de interés público. Tal es el caso de don Francisco Marty y Torrens, nacido en Barcelona, cuyas propiedades han llegado hasta nuestros días.
El cafetal El Carmelo —hoy Finca Integral Pan de Azúcar, en Pinar del Río— es un lugar increíble, desbordado de historia y naturaleza exuberante en sus inmensos terrenos; coronado por grandes árboles de mamey colorado y Santo Domingo, mangos y guayabas bien carnosas, tamarindos, fruta bomba (papaya) y mamoncillos, entre otras especies. Está salpicado por un satinado río que atraviesa parte de sus tierras y que brinda frescura y humedad a tan singulares terrenos, que no se atreven a contar la historia completa.
Pancho Marty adquirió este cafetal en 1855, viendo que la zona del occidente de Cuba le ofrecía grandes garantías para mantener su negocio clandestino de trata de esclavos. Lo compró a los herederos de Carlos Pascual, paisano suyo y rico comerciante habanero. En estos tranquilos parajes continuó su proyecto de reproducción y venta de niños esclavos, luego de enseñarles un oficio y así encarecer el costo de los infantes.
Marty nunca dejó de atender, además del cafetal, sus prósperos negocios de pesca y el Mercado de Tacón en La Habana, construido en 1835 con el apoyo del general Tacón y el notorio negrero Manuel Pastor, según quedó recogido en documentos de la época. Tacón, junto a Marty, Zulueta, Gómez y Manuel Pastor, realizaron los más escandalosos negocios de esclavos en la isla de Cuba. Un ejemplo de la riqueza acumulada por este grupo de oligarcas negreros es la construcción del teatro más céntrico de La Habana.
Marty, con peones y brazos del presidio, y materiales que le suministraba el gobierno, comenzó la obra en 6 176 varas cuadradas que compró a censo a la Real Hacienda entre los años 1836 y 1839. El edificio fue construido bajo la dirección de don Antonio Mayo, maestro de albañilería, y de don Miguel Nins y Pons, maestro de carpintería; su costo total ascendió a doscientos mil pesos fuertes. Terminado en 1838, fue el mayor de su época en América Latina (hoy en el mismo lugar se erige el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso).
Se inaugura el teatro Tacón con elegantes bailes de máscaras el domingo 28 de febrero de 1838, estrenándose pocos días después el drama en cinco actos Don Juan de Austria. Ya en 1859, Marty posee varios muelles en la Loma de la Cabaña, a lo que se le suman las casas, edificios y viveros para la venta de pescado, el cafetal y una gran flotilla de barcos.
En el año 1864, el cubano Serafín Sánchez opinó de Marty: “era un calculista consumado y tenía vista de lince”. En 1865, Vueltabajo vuelve a ser testigo de los negocios de los traficantes de negros, esta vez por la zona conocida por el Estero del Gato, mientras tanto Marty continúa con su tráfico de pescado y menores de edad desde el cafetal El Carmelo en Pan de Azúcar.
Pero esta historia de negocios turbios y trata ilegal de esclavos llega a su fin, y no precisamente de color rosa, ya que fueron sacados a la luz pública los actos ilegales de tan distinguida personalidad, cayendo por el suelo la imagen benefactora con que falsamente se proyectó durante muchos años ante la sociedad habanera.
Indudablemente, Marty no resistió verse envuelto en un escándalo de esta índole, donde se aclaraba su verdadera imagen de traficante de esclavos. Atravesó un proceso judicial que provocó su muerte en La Habana el 29 de mayo de 1866, habiendo dejado una gran fortuna.
Los actuales propietarios de las tierras que pertenecían a Pancho Marty son una familia maravillosa y de mucha experiencia en labores campestres; conocen todas las leyendas que envuelven el área. En tan singular morada están representadas varias generaciones, donde Enrique Ramos, conocido popularmente como “Juanito Piara”, es el más longevo de la familia.
Viven allí hace más de 20 años y disfrutan contar las historias que envuelven a este sitio, como la de los majáes de más de 4 metros de largo y una cuarta de diámetro que, con dos vueltas que te den, te pueden matar; y la de la famosa siguapa (especie de lechuza grande con cuernitos de plumas) que te lanza piedras en la noche y te tumba el sombrero para asustar a las personas y así defender a sus crías.
También conocen acerca del antiguo cementerio de esclavos que aún se conserva, muy cercano a la casa donde vive esta familia. Este data del siglo XIX, con información documental del primer enterramiento esclavo en 1858. Sin embargo, a pesar de su importancia histórico-arqueológica, se han realizado muy pocas excavaciones en el sitio, algunas hechas por especialistas del Museo Provincial de Historia de Pinar del Río.
En el breve tiempo que pudieron dedicar al trabajo arqueológico encontraron tres cráneos, uno de ellos con dos molares enchapados en oro y con rasgos negroides. Se sabe que hay enterramientos que responden a diferentes épocas.
Aún los muros del crematorio y una de las paredes con arco de medio punto quedan en pie; y justo antes de los ciclones Gustav (2002) e Ike (2008), se conservaba completa la entrada. Pero estas fuertes tormentas derribaron sobre ella un árbol de jagüey y otro de mamey Santo Domingo. Los restos de los muros se encuentran dispersos por toda el área y hoy yacen como testigos silenciosos de un montón de secretos todavía.