Con un privilegiado clima que la mantiene cálida todo el año, Cuba se abre al mundo mostrando sus dotes de Isla fascinante: ciudades llenas de memorias, naturaleza viva, música, tragos y bailes que penetran el cuerpo induciendo al más alucinante regocijo, incluyendo una cocina salpicada de provocativas especias y personas singularmente desinhibidas y alegres.
Programas diseñados para no perderse ni un solo detalle conforman un laberinto de placer y descubrimientos, donde se sacia el ansia de mezclarse con esta Isla tórrida que brinda todo de sí. Y un viaje desde La Habana hasta el centro mismo de Cuba es uno de esos ofrecimientos irrevocables que estimulan el delirio de entregarse, dispuestos a vivir la experiencia.
La Habana sorprende a cuantos transitan sus calles. El rumor del tiempo perdura en las antiquísimas casonas señoriales, palacetes y balaustradas que desde el siglo XVII distinguieron a San Cristóbal de La Habana y hoy conforman su Centro Histórico, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Pero también La Habana tiene otros dones que brinda al viajero: su malecón pleno de historias, su degustable Havana Club, los embriagantes puros y el detalle de sus noches. Plena de matices y bullicioso entretenimiento, la noche habanera es una infusión de júbilo: cabarets, centros nocturnos y discotecas ponen en movimiento todo el cuerpo que renuncia a permanecer tranquilo ante el invasivo derroche de acordes altisonantes y sandungueros.
De La Habana a Varadero se va en un abrir y cerrar de ojos, y el balneario, el más bello de las playas cubanas, provoca al visitante. Su arena fina y su mar tranquilo y hechizante incita a un baño de mar y al reposo en busca de ese bronceado con toque del Caribe que todos quieren llevar como trofeo.
En este sitio, que pocos se privan de conocer al visitar Cuba, se combinan la belleza, la fiesta, el buen comer y el sosiego.
Pero al igual que los entrantes, esto no es más que el comienzo, por delante quedan, aún, erarios por descubrir. Villa Clara, provincia con una historia admirable, atesora la Plaza Ernesto Che Guevara, con su museo y el Mausoleo donde descansan los restos del legendario Guerrillero y sus compañeros de lucha. Muy próxima a ella, Remedios, octava Villa fundada por los españoles en 1578 y Monumento Nacional, conserva genuinas obras coloniales con relevantes reliquias como la Parroquia Mayor y la Iglesia del Buen Viaje. Y compitiendo con lo inexpresable, a pocos kilómetros de allí, los cayos de Caibarién, pertenecientes a la Reserva de la Biosfera Buenavista: Cayo Las Brujas, Santa María y Ensenachos, tres hermosos islotes que invitan al retiro; al retorno a la vida esencial: bellas playas poco visitadas, delicada arena, escasas mareas y una diversidad de fauna marina, dócil y atractiva, que incluye delfines, tortugas y pececillos, y en tierra, iguanas y bandadas de flamencos. Un paraíso seductor que combina armónicamente naturaleza y modernidad, con el fin de lograr una estancia perdurable en la memoria.
Pero el recorrido continúa trayendo más hallazgos en el camino. Cienfuegos y Trinidad son la antesala del fin del viaje. Cienfuegos, ciudad marinera conocida como la Perla del Sur, muestra sus atractivos citadinos de regia influencia francesa. Joya arquitectónica, poseedora de notables construcciones patrimoniales, exhibe un preservado centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Por otra parte, los que prefieren el mar, encuentran en la sureña región interesantes propuestas para los deportes náuticos: laberintos, túneles, canales naturales y espectaculares formaciones coralinas, le conceden especial motivación a las jornadas cienfuegueras de buceo, pesca deportiva, vida a bordo, paseos y sol y playa.
Y llega Trinidad, la Ciudad Museo de Cuba. Hija pródiga del aguardiente y la caña, la Villa de la Santísima Trinidad fue durante el siglo XVIII la más acaudala de las villas cubanas, poseedora de más de 60 ingenios azucareros diseminados en un magnífico valle que hoy ostenta, junto a la ciudad, el título de Patrimonio Mundial. La urbe, de impresionantes calles empedradas que conducen a admirables plazas y plazuelas, rodeadas de majestuosos edificios, convertidos en importantes museos, es un reto a quedar detenidos en el tiempo.
Esta vez, rumbo a Ciego de Aávila y próximos a concluir el viaje, aparece otra sorpresa natural que desconcierta la vista: una parte de la cayería de Jardines del Rey que muestra, sin timidez alguna, la naturaleza desbordante y exótica del trópico. Las más remotas noticias sobre los cayos del norte avileño se pierden en la época del corso y la piratería. Fueron cayo Romano y cayo Coco, refugio y cuartel de famosos hombres del mar. Las transparentes playas, la suave brisa y el olor a mar que relajar cuerpo y mente son pinceladas que seducen en esta cadena de islillas cercanas al canal viejo de Bahamas donde las comodidades de la era moderna solo han venido a complementar lo que la naturaleza creó durante siglos. Y unida desde 1989 por una carretera de 34 km mdash;de ellos 17 sobre el marmdash; se encuentra Morón, ciudad colonial enclavada en el centro mismo de la Isla y destino final de un viaje invadido de experiencias gratas y memorables, no exentas de guías expertos, transporte confortable y una red hotelera acorde con cada momento.
En estos recorridos todo está considerado para que los viajes adquieran un sentido sorprendentemente provechoso: mezcla de historia y música, poesía y pasión, aventura y asombrosa riqueza cultural. Sin dudas, así es la auténtica Cuba. Descúbrela.