
Mi recorrido ha sido un proceso de transformación constante. Nacer en Cuba me dio una sensibilidad muy especial, una manera de observar y de sentir el mundo. Pero salir fuera, llegar a Europa, significó empezar desde cero. Nadie conoce tu historia, nadie valida tu trayectoria. Tienes que reconstruirte. Ese proceso me enseño disciplina, humildad y, sobre todo, a entender que el talento solo no es suficiente: necesitas estructura, aprendizaje y una visión clara.
Fue un descubrimiento progresivo. Al principio diseñaba desde la intuición, pero cuando comprendí que un zapato podía contener historia, música, emoción —como ocurrió con el modelo inspirado en Beethoven— entendí que no estaba creando un producto, estaba creando narrativa. El zapato se convirtió en mi lienzo.
La pasarela internacional no es solo visibilidad, es responsabilidad. Estás representando una visión, una cultura, una forma de entender el diseño. En mi caso, nunca he querido encajar en lo convencional. Cada vez que presento, intento que el público no solo vea una colección, sino que entienda el porqué de cada pieza. Es una oportunidad para educar también.

Porque el diseño no es estático. La moda tradicional muchas veces se queda en la superficie. Yo necesito que el espectador entre en una experiencia. La música en vivo, la interpretación, el movimiento… todo forma parte de un lenguaje más completo. Es casi teatral. Es una forma de contar historias donde el zapato deja de ser objeto y se convierte en protagonista.
Busco cambiar la relación entre la pieza y el cliente. En una subasta, la persona no compra impulsivamente; entiende, observa, valora. La pieza encuentra a quien realmente conecta con ella. Es un proceso más consciente, más cercano al arte que al consumo.
Si, completamente. Hubo un momento en el que entendí que producir por inercia iba en contra de mi filosofía. Decidí parar. Y parar en este sector es arriesgado, pero necesario. Prefiero crear menos, pero con más profundidad. Eso redefine el valor de cada pieza.

El silencio es incómodo, pero es donde ocurre lo importante. Es un tiempo de investigación, de cuestionamiento. Probé materiales, fallé muchas veces, volví a empezar. Pero también fue un proceso interno: reconectar con mi esencia, con el porqué de todo. Sin ese proceso, no hay evolución real.
No fue inmediato. El papel es un material delicado, pero también lleno de historia. Me interesaba esa dualidad. Trabajé en fórmulas, en resistencia, en cómo adaptarlo a un producto que requiere durabilidad. Muchas veces ese papel proviene de libros, de historias que ya existen. Transformarlo en un zapato es una manera de darles continuidad.
Representa responsabilidad. No se trata solo de tendencia, sino de compromiso. La moda tiene que evolucionar. Para mí, la sostenibilidad no es solo el material, es el proceso completo: producir menos, respetar el tiempo del artesano, evitar el exceso.
La restauración te obliga a ser humilde. Estás trabajando sobre la historia de otra persona, sobre un objeto que ya tiene vida. Aprendes a respetar el material, a entender cómo envejece, cómo se transforma. Eso influye directamente en como diseño hoy.

Durante mucho tiempo se percibían como universos separados, pero hoy están completamente conectadas. Cada una representa una parte de mi lenguaje: arte, lujo, sostenibilidad. Juntas forman una visión coherente.
Alicante ha sido clave. Es un territorio con una tradición artesanal muy fuerte. Trabajar con maestros del calzado te cambia la perspectiva. Ahí entendí que el verdadero lujo está en la técnica, en el detalle, en el tiempo invertido.
El lujo ya no puede ser superficial. Hoy el lujo es autenticidad, proceso, historia. Es saber quién ha hecho tu pieza, cómo y por qué. Todo lo demás es ruido.
Porque habla de transformación. De la capacidad de convertir ideas en realidad. No es un título, es una responsabilidad. Es un compromiso con la creatividad y con la evolución constante.

Cuba está en todo. En mi sensibilidad, en mi forma de crear, en mi intuición. Es la base emocional de todo lo que hago.
Que entienda que lleva algo único. Que sienta que esa pieza tiene historia, intención. Que no es solo estética, es identidad.
Más consciente, más honesta. Creo que vamos hacia un modelo donde el cliente valora más el proceso que la cantidad. Y eso es necesario.
No se trata de hacer zapatos. Se trata de crear historias que se caminan.
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