Si he tenido la posibilidad de conocer e intercambiar con personas agradables, con quienes desde el primer momento existe una gran empatía, puedo decir que ese es Boris Pérez, excelente creador visual que con sus manos, las agujas, el tejido y los hilos logra verdaderas obras de arte En un principio, Boris comenzó tejiendo macramés pues, según contó, su familia siempre ha trabajado con las manos y desde niño tuvo la inquietud de trabajar los tejidos. “Y un día, relató, me cayeron de casualidad unos nudos de macramé y aprendí a tejer macramé. Pero dentro del macramé me di cuenta de que se podían hacer tapices y descubrí una técnica que se llama Cavandoli (antigua técnica con la que se tejen piezas compactas nudo a nudo).
“Los tapices se hacen nudo a nudo y en dependencia del tamaño, puedo estar seis meses tejiendo una pieza”, explicó.
Una pieza, continuó, puede tener cerca de 300 000 nudos. El problema está en que cuando yo me sumerjo en ese mundo, todo lo demás para mí desaparece, añadió.
Siempre fue mi objetivo seguir con el textil; después salté al diseño de vestuario, pero a mí el mundo de la moda como tal no me llama mucho y en los desfiles me doy cuenta de ello. Yo veo al vestuario como algo que tiene que decir cosas.
Cuando uno ve a una persona por la calle tú sabes lo que esa persona está transmitiendo a través del vestuario, señaló.
En cuanto a sus estilos de trabajo, Boris considera que su labor es su proceso creativo, donde lo mismo hace collage, patchwork (trabajo de parches) u otro tipo de trabajo en tejidos.
Hacer collage es un ejercicio mental, porque tienes que estar mirando muchas cosas a la vez. Tienes que componer imágenes, dar un mensaje y que este llegue, dijo. “Los tapices textiles también yo los llamo collages textil, porque uso diferentes desechos textiles para componer una imagen, en estas piezas puedo estar trabajando hasta dos semanas y durante largas horas del día”- Entre las creaciones que más apasionan a Boris están los tapices. “Me fascinan, porque le veo una posibilidad a cada pieza que sale. Pero, además, esas piezas tienen hasta tres capas de ese tejido. Voy hilvanándolas sobre un soporte, después lo coso a máquina y después lo rompo. Eso está inspirado en una técnica de vestuario que se usó en el siglo XIII llamada técnica de la cuchillada, donde el textil que está abajo tiene que salir”, detalló.
No obstante no haber sido aprobado nunca para estudiar pedagogía, este creador autodidacta imparte una asignatura optativa en el Instituto Superior de Diseño llamada confección textil donde trabaja a dúo con la prof. Arianet Valdivia.
Lo más interesante, expresó, es que tengo muy buena comunicación con mis alumnos. Y mis alumnos aprenden, e, incluso, hay personas que me han parado en la calle y me han dicho: “Yo estoy viviendo de lo que usted me enseñó”, apuntó con orgullo y, agregó: “Para mí es lo máximo que pueda sentir alguien”.
En cuanto a su trabajo actual en la Casa de la Obra Pía, indicó que junto con la profesora Arianne Valdivia y el arquitecto René Gutiérrez llevan a cabo el proyecto “Laboratorio Textil Creativo Nuevas Puntadas para una Rehabilitación”, con el objetivo de rescatar los valores textiles que tiene la institución y enseñárselos a la comunidad.
Con algunas obras en colecciones en Argentina y Canadá, Boris estima que su labor es la satisfacción máxima de su creatividad. “Siempre estoy creando. Y nunca estoy conforme con lo que hago. Trato de buscar la perfección. Yo soy escorpión. Y los escorpiones buscamos la perfección”.
“Yo estoy totalmente ahí, buscando, buscando, buscando. Y siempre estudiando. Porque quien no estudia, se pierde”. Por ello recomendó a aquellos creadores que se inician en este trabajo que “tienen que estudiar. Y mirar mucho, mucho, mucho. Tienen que mirar, mirar, mirar. Mirar libros de arte. Y siempre buscar atrás. Yo siempre les digo a los alumnos que hay que estudiar a los grandes”, dijo finalmente.