El llamado séptimo arte, su majestad el cine, ha ejercido siempre una permanente fascinación en los más diversos públicos de todos los continentes, desde sus orígenes en los ya lejanos tiempos de finales del siglo XIX, en Francia.
A Cuba llegó muy temprano el maravilloso invento de los hermanos Lumiere, allá por el año1897, y la isla, al igual que el resto de América Latina, abrazó esta vertiente artística como uno de los principales fenómenos culturales de masas.
La cinematografía estadounidense y europea dominaron el espacio cultural devenido en importante mercado, pero realizadores de este subcontinente, sobre todo en la década de los 60 del pasado siglo, comenzaron a aportar maneras de hacer y puntos de vista que dieron lugar a lo que se llamó nuevo cine latinoamericano, con obras muy sobresalientes.
Después, y a partir de ese contexto, surgió en Cuba la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), con más de tres décadas de incansable labor formando a cineastas fundamentalmente del llamado Tercer Mundo, pero también de otros países europeos y americanos.
El 15 de diciembre de 1986, en el poblado de San Antonio de los Baños, a 35 kilómetros de La Habana, estaban el escritor colombiano Gabriel García Márquez, el entonces presidente Fidel Castro, el poeta y cineasta argentino Fernando Birri y el realizador y teórico cubano Julio García Espinosa, entre otros.
Estas cuatro personas representaban el sueño convertido en realidad del Comité de Cineastas de América Latina que concibiera la utopía de crear un centro docente que, alejado de los clichés hollywodenses y del cine comercial, formara artistas éticos y creativos, que entendieran el cine como un arte.
Cuba ofreció las instalaciones, el equipamiento inicial y el amplio grupo de personas que permite su funcionamiento administrativo.
El prestigio de García Márquez y la soñadora perseverancia de Birri —quien sería el primer director de la EICTV— se unieron al empeño de otros y nació una escuela de audiovisuales que está considerada entre las mejores del mundo.
Prueba de ello es el Premio Roberto Rosellini que le otorgó el Festival de Cannes en su 46 edición, único para una escuela concedido por el prestigioso certamen y la ratificación de su gran calidad por importantes medios internacionales como El País, de España, y el Times, de Londres.
La EICTV cuenta con 300 maestros en sus distintas áreas de enseñanza que se dividen en un curso regular de dos años de duración y un sistema de formación continua en el que funciona un conjunto de talleres de actualización, ampliación y perfeccionamiento profesional.
La enseñanza es realizada por cineastas en activo cuyos conocimientos están refrendados por la práctica, convirtiéndose de este modo el proceso docente en una experiencia viva, de constante actualización, con intercambios frecuentes con reconocidos creadores, como los estadounidenses Oliver Stones y Brian de Palma.