A 132 años de su nacimiento en La Habana, el 20 de julio de 1890, Gonzalo Roig Lobo sigue estando entre los selectos del pentagrama musical cubano, sobre todo con notas muy altas como compositor, director musical y fundador de varias orquestas.
Falleció tras una vida fecunda, casi a punto de cumplir 80 años, el 13 de junio de 1970. Este músico que fuera pionero dentro del genuino movimiento musical de la Isla fue uno de los principales aportadores al género de la zarzuela nacional, con obras que marcaron época y resultaron inolvidables y definitorias.
Es posible que la más famosa pieza de su autoría fuera la sin par Quiéreme mucho, la cual todavía está en el repertorio de famosos intérpretes cubanos y extranjeros.
No solo cultivó la canción romántica cubana y la zarzuela, también hizo pregones, un género con gran popularidad en sus tiempos.
Desde muy joven se afincó por enriquecer su formación académica y se graduó de varias disciplinas dentro del ámbito de la música hasta egresar del Conservatorio Carnicer, del cual posteriormente fue profesor de contrapunto y fuga, y en 1927, se graduó de solfeo, teoría y piano en el Conservatorio Nacional de Música. Era ejecutante del violín, el piano y el contrabajo hasta desempeñarse como director de orquesta.
Siempre trabajó intensamente en la promoción de los compositores cubanos. Se destacó y brilló como director de la Orquesta Sinfónica de La Habana que también daba espacio a los grandes maestros clásicos del mundo. Fue considerado un verdadero maestro de la dirección orquestal, aunque también dirigió óperas no solo para teatros, sino en la televisión.
Hoy por hoy es muy recordado como el inmortal autor de la zarzuela Cecilia Valdés, bella, exultante y gozosa por su riqueza melódica marcadamente cubana. Una obra para siempre en el corazón de todos.
Gonzalo Roig, cuya ejecutoria inmensa sobrepasa con creces estas líneas merece pues todas las recordaciones y homenajes.