Camagüeyano de nacimiento y por convicción, Iván Carbonell Guerra, conocido en el mundo del arte como Machuty, considera que su inclinación por la pintura le viene desde los genes pues, además de provenir de una familia de artistas, su padre pintaba muy cerca de su cuna y eso “me sembró la semillita”, dijo.
“Provengo de una familia de artistas aficionados que marcaron pautas importantes en diferentes disciplinas como la pintura, la escultura en bronce y en yeso, como fue el caso de mis abuelo y bisabuelo, y de mi desaparecido padre en la pintura; es que la historia del arte en el territorio resalta a mi familia en el período neocolonial”.
Desde siempre, contó Machuty a CubaPLUS Magazine, dibujé, para ser más específico, desde la niñez, pues el mundo que me rodeaba y lo que se movía en torno a mí era la pintura.
“Cursando estudios en el nivel primario, continuó, mis compañeros de clase acudían a mí con hojas para que le realizara un dibujo que ellos guardaban muy celosamente y eso me hacía muy feliz.
“Por la destacada participación que tuve en concursos convocados por la escuela, los dibujos que presentaba eran merecedores de premios y menciones, lo que me dio la posibilidad de participar en los talleres de creación que se impartían en la Casa de Cultura. Allí me preparé y realicé las pruebas de ingreso para la Escuela de Instructores de Arte y la Academia de las Artes Vicentina de la Torre.
“De esa forma inicié mis estudios y finalmente me gradué como licenciado en Instructor de Arte en la especialidad de Artes Plásticas”.
En cuanto a las técnicas que prefiere para desarrollar su obra, Machuty dijo: “Amo la experimentación. No es lo mismo cuando realizo un mural, donde hay que emplear una técnica determinada que cuando pintas en un cuerpo humano, o pegas recortes de periódicos que integro con colores y texturas .Ese juego tiene para mí una tremenda justificación, ya que es una zona vital de la creación”.
Entre los temas que más le atraen, mencionó que le resulta sumamente interesante el formidable mundo ecológico que lo vincula con la figura humana, en lo particular con el rostro.
“Tomo como base un tema específico, que desarrollo e indago como trabajarlo morfológicamente. En una obra determinada, en este caso el retrato, me siento seducido por completo por sus cualidades, lo que me permite visualizar el comportamiento, actitudes y la manera de expresarse o representarse a sí mismo.
“Tal es el caso de la obra que titulé ‘Utopía de doña Inés’, con la que rindo homenaje eterno a la figura de mi madre desaparecida. Su rostro junto a una libélula se funde en una gama de colores para crear una atmósfera visual que seduce la vista del espectador a través de los verdes, amarillos, rojos y naranjas que lo introducen en mi mundo creativo”.
Al responder una pregunta sobre las influencias en sus pinturas, mencionó la obra de Leopoldo Romañach, Salvador Dalí y Wilfredo Lam, entre otros. “Percibo que hay un acento hispano-afrocubano. Esas dos raíces son la base de nuestra actual identidad. El asunto es que es muy diversa y muy rica la condición del cubano, su cultura y los ingredientes que la conforman”, consideró.
Este joven artista tiene en su haber numerosos reconocimientos y premios nacionales, así como un sinnúmero de exposiciones personales y colectivas, entre las que figuran su participación en varias ocasiones en el Salón Nacional del Humor Juvenil El Loquito y en el de la Caricatura Personal Juan David, en La Habana.
Al hablar de sus proyectos, este artista camagüeyano que confiesa pintar y dibujar cada día sin descanso señaló que se encuentra trabajando en una exposición personal de retratos que incluye quince retratos realizados en diferentes soportes y técnicas que se presentará en una galería de La Habana.
“Trabajar es algo exquisito. Pienso que ser artista es una profesión espectacular en la que estoy totalmente sumergido. Por eso creo tanto en ella y respeto mi trabajo creativo y el de mis semejantes. Para mí, la pintura es un don con que me premió la vida”, dijo finalmente.