CubaPLUS Magazine

Rumbeando en el Callejón de Hamel

Alina Veranes
08 Mar 2023
Rumbeando en el Callejón de Hamel

    La rumba y otras esencias de la cultura cubana, muy vinculadas al raigal legado africano, reinan por sus fueros en el famoso Callejón de Hamel, enclave con nombre de cuentos situado en la no menos famosa barriada popular de Cayo Hueso, municipio Centro Habana, por más señas cercano de la escalinata de la Universidad de La Habana.

callejon-hamel-2023-1.jpg    Inspirado por el proverbio yoruba que reza “Infeliz el hombre que no escucha lo que las piedras le silban" el maestro de la plástica Salvador González, vecino del lugar y ya fallecido, creó allí en el último cuarto del siglo XX un proyecto cultural y comunitario vivo todavía.

  Bebió el pintor de los saberes de la cultura oral, la música y de los dinámicos y fuertes hervores de la vida cotidiana en la comunidad. Suficiente para empezar y dotar a su creación de alas.

  En el presente la conocida callejuela capitalina sigue mostrando como el primer día cuan poderosa y auténtica puede ser la cultura popular, esa que surge de los sentimientos de los más humildes, por preteridos o sojuzgados que estuvieran un día lejano.

 Resulta que ese rincón bullicioso e incitante de la gran urbe dio abrigo en otros tiempos a muchas personas clasificadas superficialmente como ”gente difícil", sin atender a las causas de su conducta y sin hacer nada para cambiar sus dramáticas e injustas condiciones de vida. De modo que sí, allí había delincuentes, prostitutas, trabajadores de los oficios peor pagados, personas muy discriminadas por su origen y color de la piel, sin cabida en la sociedad hasta 1959.

 Y había personas muy decentes, trabajadoras, buenas, patriotas, con una gran inspiración musical y artística en general, pues Cayo Hueso nació a principios del siglo XX gracias a las oleadas de emigrantes cubanos tabaqueros, reinsertados en su tierra natal después del fin de la última guerra de independencia, a la que contribuyeron cuando residieron en Tampa, EE.UU., con aportes materiales invaluables, a pesar de su pobreza. Partieron de una savia buena que el abandono dañó más tarde, en parte.

 Hablando ahora de la rumba, reconocida por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, dicen que desde sus albores en el entorno del Callejón de Hamel siempre se tocó y se bailó la mejor. En los ancestros de los expertos descendientes de tabaqueros y los hacedores de otros oficios humildes, había mucha sangre africana.

    Y la mezcla con la sangre y la cultura española, principalmente. Ingredientes decisivos de la rumba cubana, ese regocijo de tambores, retumbando rítmicamente, “hablando lengua” y  sobre todo  compulsando siempre a mover el cuerpo, aunque no entiendas ese idioma de los antepasados.

    Los que llegaron a pensar, en cierto momento, que con la llegada de otros tiempos y otra vida de dignidad, sus habitantes iban a olvidarse de la rumba, se equivocaron.

 Allí también había nacido en cuna humilde y bohemia el filin, un género fascinante de la canción cubana, y eso también estaba en la historia del barrio.

callejon-hamel-2023-3.jpg Hoy que falta la presencia física de Salvador González, su espíritu sigue siendo dueño del espacio y los recuerdos. Inició el proyecto creando el mural que cubrió de imágenes las paredes de las viviendas e hizo un estudio galería con sus obras de pequeño formato.

  Sin parar, quiso más y logró que la rumba volviera a incendiar los cueros de tambores, las voces y los cuerpos, lo cual conjugaba de maravilla con el ambiente colorido en derredor.  Por muchos años cada domingo, a las 12 meridiano, dominaron los tambores con el convocante tronar. Solo la pandemia recién controlada detuvo aquel frenesí, por medidas sanitarias.

Hoy por hoy la rumba ha vuelto a revivir, en el Callejón de Hamel, sus mejores tiempos.

  Mucho tienen que agradecer los vecinos y los capitalinos todos a Salvador, lamentablemente fallecido en fecha reciente. 

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