El caracol, un molusco gastrópodo de cuerpo blando con variadas especies, habita por igual en océanos, ríos y tierras, cargando consigo un profundo simbolismo.
Su forma en espiral expresa la unión y la reconexión espiritual intuitiva del hombre con el universo; simboliza el movimiento, la vibración del alma y el espíritu en la creación y ascensión.
Tal vez movido por esa mística, en la década de los 40, Ramiro Murillo decidió revestir las paredes de su hogar en Playa Girón, al sur de Matanzas, con caracoles y piedras marinas. Fue una ofrenda de fe a la Virgen de la Caridad, un gesto de gratitud por su recuperación tras una grave enfermedad.
Con el paso del tiempo, la vivienda se convirtió en un sitio de peregrinación y encuentro comunitario, alzándose como un testimonio de fe y persistencia.
Si bien el transcurso de los años y algunos actos vandálicos han provocado cierto deterioro en el inmueble, la casa aún conserva la singular belleza de sus muros. Esa amalgama de piedras y caracoles le otorga, todavía hoy, un sello único e irrepetible.
Este emblemático lugar marca el inicio de la “Ruta de la Energía”, un recorrido del proyecto de desarrollo local Guamacaro’s Tour. A través de sus excursiones, el proyecto promueve una filosofía de respeto a la vida y rescate de la memoria: un esfuerzo por preservar los paisajes, las tradiciones y las historias locales como un acto esencial de identidad y sentido de pertenencia.