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El museo de los tarecos, un lugar curioso por excelencia

Cary Chaviano / Fotos: José (Tito) Meriño
El museo de los tarecos, un lugar curioso por excelencia

Si se va a hablar de lugares curiosos, hay uno en la capital cubana que llama poderosamente la atención de quienes lo visitan, exprofeso o por pasar casualmente por el lugar: el Jardín de los Afectos o Museo de los Tarecos, como popularmente lo denominan los residentes de la localidad donde está ubicado.

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Ese sitio llama la atención porque, en plena calle, se encuentran varios centenares de objetos desechados por inservibles a los que, sin embargo, Héctor Pascual Gallo Portieles, les devolvió su vida útil.

En los alrededores de su modesto apartamento, ubicado en la zona de Micro X en Alamar, La Habana del Este, este soñador concibió un museo con objetos que supuestamente no tenían ya utilidad, pero, sin embargo, él encontró la forma de que sirvieran.

En la década de los 90 del siglo pasado, Gallo, quien también fue periodista y barbero, comenzó a instalar disímiles elementos que había acumulado durante los viajes que realizó como representante de la diplomacia cubana. En un principio, utilizó el interior de su apartamento como galería, la que denominó Galería de los afectos y, con el tiempo, las habitaciones se hicieron pequeñas y comenzó a expandirse en el área exterior de su edificio.

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Muchos y variados objetos instaló Gallo durante más de 20 años de iniciado el proyecto considerado como Arte Bruto, que define a toda clase de producciones que presentan un carácter espontáneo y fuertemente imaginativo, y que ha contribuido notablemente a elevar la cultura y la educación de los residentes de la comunidad, así como de sus visitantes.

Entre los artículos que se pueden encontrar hay desde pequeñas figuras hasta objetos tan grandes como muebles, máquinas de coser, equipos de teléfonos públicos, máquinas de escribir e, incluso, una vieja y destartalada motocicleta, muchos de ellos donados por familiares y amigos.

Pero cada uno tiene su significado pues, prácticamente todos, están acompañados de un cartel con un refrán o enseñanza, entre ellos: para apreciar esta obra no hay que estar loco, pero eso ayuda; el amor es ciego: pero los vecinos ven, y lo peor ¡HABLAN!; vale cuidar los huevos de oro, pero vale más cuidar la gallina que los pone; no hay bien que por mal no venga, pero por mi bien, mal no vengas y el vino que más alegra: ¡Vino la luz!

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El proyecto de Gallo, creado sin ánimos de lucro, ha sido visitado por innumerables turistas y la población en general durante todos estos años y fue galardonado con el premio Tierra y Libertad, Giraldilla de La Habana 2003 y del Barrio de 1998.

Fallecido en mayo del 2020, su obra es atendida en la actualidad por el hijo y uno de los nietos, José Gallo y David Gallo, respectivamente, quienes con su dedicación pretenden rendir tributo y mantener vivo el espíritu de quien fuera, en vida, Hijo Ilustre de la localidad que lo vio nacer, Campo Florido, en la capital cubana.

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