El escritor estadounidense Ernest Hemingway disfrutó de muchos lugares en Cuba, como es el caso de un poblado marinero nombrado Cojímar, incluso inmortalizado en su obra El viejo y el mar. Colorido, versatilidad, mirada perenne al mar, constituyen algunas de las peculiaridades de la localidad y de su gente.
Allí vivió hasta su muerte Gregorio Fuentes (Lanzarote, Islas Canarias, 11 de julio de 1897-Cojímar, Cuba, 13 de enero de 2002), quien fuera patrón del Pilar, el yate perteneciente al autor norteamericano.
Cojímar es una localidad de Cuba, situada a unos siete kilómetros de La Habana, cuyo nombre proviene de la lengua taína aborigen que significa “Entrada de agua en tierra fértil”.
Nunca fue oficialmente fundada, pero aparece como fecha originaria la terminación de un torreón el 15 de julio de 1649, que se toma como la del nacimiento del centro urbano, aunque la conmemoración se celebra el 16 de ese mismo mes, Día de la Virgen del Carmen, estrella del mar y patrona de los navegantes, de acuerdo con el catolicismo.
La presencia estable de colonizadores españoles en la zona data de 1554. En 1633 existe constancia de la donación de mil ducados por sus habitantes para la construcción de la pequeña fortaleza militar, también conocida como el castillito. En 1649, al concluirse, el sitio de población correspondía a 137 personas, distribuidas en 37 viviendas. Este cabildo publica un edicto el 3 de noviembre de 1837, en el que se otorga oficialmente a Cojímar el nombre de Nuestra Señora del Rosario.
Cuando en Europa y Norteamérica se pusieron de moda los balnearios para veranear, a mediados del siglo XIX, la burguesía criolla cubana cambió sus costumbres de descansar en los ingenios azucareros, cafetales o quintas de recreo, y se reunía en las costas de la playa de Baracoa, momento en que Cojímar poseía riquezas conocidas por sus aguas mineromedicinales.
El 10 de marzo de 1907 se inauguró el Hotel Campoamor, con la asistencia de Carmen Zayas Bazán, viuda del hoy Héroe Nacional cubano José Martí, y su hijo, el capitán José Francisco Martí Zayas Bazán, entre otras personalidades. Allí se hablaban cuatro idiomas y fue lugar preferido de la clase media-alta y alta para pasar lunas de miel. El hotel, junto al exclusivo Residencial Loma y La Quinta Pedralves, marcaron intentos por convertir la playa de Cojímar en un elegante balneario al que llamaban la “Taza de oro de la costa norte”.
El centenario restaurante La Terraza de Cojímar, con su cocina marinera, recuerda cuando Hemingway se sentaba allí a conversar con Gregorio Fuentes o a compartir con sus célebres invitados.
Es también poblado de variadas curiosidades; por ejemplo, en junio de 1945 se pescó a unos tres kilómetros frente al castillito el mayor tiburón blanco fotografiado en Cuba, de más de 7 000 libras y 21 pies de longitud, al que el periódico francés Le Monde llamó “El monstruo de Cojímar”.
Y allí la presencia de Hemingway es fundamental; la localidad cuenta con una glorieta y busto dedicado al escritor, creado en bronce por el destacado escultor cubano Fernando Boada a partir de restos de material de navegación, propelas, tornillos, piezas vinculadas con barcos, recopilados por los pescadores del lugar, sus amigos.
Hemingway fue Premio Nobel de Literatura en 1954, tras su obra El viejo y el mar, inspirada precisamente en Cojímar, donde anclaba su yate Pilar y compartía historias de sus más de 20 años de estancia en Cuba, hasta decir que él era “Un cubano sato”.